El resto
Me gusta dormir con mi cabeza encima de su hombro, sólo porque así huelo como le bombea el pecho. Me parece tan sexy que sea de movimiento tan lento. Pasa las páginas siempre despacio, hasta las de su propia vida. Siempre parece un corazón tranquilo, y eso me encanta.
Anoche le cayó encima al mundo la noche más bonita. Es de esas cosas de las que sólo te das cuenta cuando te pilla caminando y sola. Bajo la lluvia, el calor y el manto más negro de tu cabeza, es inevitable ir muy despacio, a pesar de que aquel niño corra muchísimo. Corre porque él no tiene nada de que curarse. A mí, me entra lento, por dentro. Piel, huesos y entrañas se limpian, por un rato, de casi todo. Quedo así, como el hueco de una escalera. Toco, curiosa todos los recovecos que hay en mi cuerpo, tan lisos, tan húmedos esperan, que parecen el pétalo de cualquier flor. Aunque sea mentira.
Adoro este momento en el que sólo me espera recordar. Qué decían mis ojos, qué musitaban mis dedos, qué deseaban apretar con fuerza mis dientes. Olfatear cómo fuiste en otro tiempo, entre noches de tormenta, olor a tierra mojada y libros viejos que hablan de todo aquello que fue por ti, y también fue perdido.