Aire es lienzo
Aún tengo miedo a veces de ser una muerta en combate que vela por el cadaver de su vivo. Menos mal que hoy no. Ahora desde mi sitio pienso en el suyo. Lo recuerdo como un sitio caliente y húmedo. Recuerdo tazas de té sucias por encima de la mesa. Olor a suspiro, a viejo, a entradas y salidas y a pensar con los pies en el sofá. Siempre tan acogedor. Su sitio está lleno de vida y de pequeños placeres recogidos: Un libro medio abierto con las hojas arrugadas, una luz tenue, un paquete de cigarros, algunos cd’s desordenados. De las esquinas cuelgan aquellas huellas tiernas de los disparos de otro tiempo. Recuerdos que, imagino, hacen que uno no olvide quién es. También en su sitio hay un balcón hacia un desierto enorme, siempre en construcción, por donde vuelan desde su boca los sueños de las noches de verano.
Si pudiera pintar un olor en el aire tan sólo con un dedo, esta noche pintaría el de mi lengua en su ombligo.
Que prohiban lamer, tocar, desear y ser tocados. Que prohiban la saliva, las miradas, los pezones, los músculos, las manos. Que prohiban el abrazo, el arañazo, el flujo, el tacto. Que prohiban todo lo que hace vibrar, sentir, bombear. Que te prohiban a ti, amor. Y sólo así conseguirán matarnos.