6 de Mayo de 2010 - Aire
Primera Guerra Mundial
No quisiera, a estas alturas, asustar ni devorar a nadie. Pero a veces la vida pide tregua, dulces melancolías, querer saberlo todo. Y otras, muchas otras, quizá demasiadas otras, pide sentir, que te maten de palabra, ser de ti y nunca sólo tuya.
Tanto caminar lo vasto, lo infinito. Tantas ganas de finisterre, de llegar no sé a qué parte de no sé qué lado. Para ver que la primavera está llena de frío y mi corazón permanece en blanco. A la espera de alguna explosión de calor, algo que lo vuelva todo rojo.
Convertir los muros en peldaños, las enredaderas en lianas y la infancia en patria. Los cadáveres en un montón de instantes. Los vencidos en un montón de mañanas. Caminar o reventar. Echarle un poco de magia a todo esto.
Una pérdida en cada suspiro. Un peso en cada culpa, en cada remordimiento. Así estoy, cada día más grande y más pequeña. Más llena y más vacía. Estoy que muerdo. Y bien, no quisiera a estas alturas, asustar ni devorar a nadie. Pero le miro y me entra hambre. Y sed. Y miedo.
27 de Julio de 2010 emma dice:
A veces hace falta un refugio, una parada, una nube en la que escondernos de ser adultos, de la vida…a veces nos vence el cansancio. Me gustan tus palabras.