11 de Abril de 2010 - Aire
Hundir la boca
Feliz primavera, sí. En mi jardín se despedían del dulce invierno, marchitas, mi dos flores favoritas. Las dos amarillas que se respiraban mi agua cada día. Todos los días. Ahora son ya, sencillamente negras. Lo han decidido. Se han muerto sin ver salir el Sol. Hoy no os entierro. Lo siento. Hoy no tengo tiempo para tristezas cortas ni amargos alientos.
Hundo la nariz en aquella flor roja. Hundo los dedos en la tierra. Desearía hundir mi boca en su pecho. Caliente. Bombeante. Tranquilizador. Miro el cielo. Cada día más frío. Más elevado. Cada día más pesado todo lo que hay aquí dentro. El gusano y el pájaro, amor. Eso somos tú y yo.
Ya desde el suelo, los gestos de aquellos versos se difuminan en un horizonte verde. Aún se escucha el eco de aquella eterna sonrisa. Un dolor íntimo y fiero que ataca. Y no inspira, ni desahoga, ni mata. Sobrevuela tu cabeza como el buitre que aplasta al moribundo al calor del sol. Y ya. La tranquilidad está tan llena de temblores. De aullidos. De espantos.
Feliz primavera, sí. Un día, cualquier día, tendré el corazón viejo. Y ya no será salvaje, ni dulce, ni miserable, ni tierno. Ni respirará de cualquier agua cada mañana, todas las mañanas, para ver salir el Sol. Cualquier día lo entierro.
20 de Febrero de 2011 BuenosAiresMeMata dice:
Oh, el último párrafo. Oh, desoladoramente bello.
21 de Abril de 2010 Olione dice:
Hola Diana!La solucion no es enterrar tu corazon ,es liberarlo,quitale las cadenas con nombre y dejalo correr.Te hechaba de menos.Un besazo mala contigo misma!
20 de Abril de 2010 El hombre elefante dice:
Au revoir: (hasta el re-ver)
nariz no lleva tilde
sonrisa tampoco.
PD: He intentado varios minutos no dejar comentario pero no he podido.