Lunes, 25 de Agosto de 2008

¿Dónde queda el Sol Naciente?

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 9:17 pm

Por una vez en la vida, el Sol se encuentra en el país del Sol Naciente. Nunca había estado tan lejos de mí y sin embargo, sonrío. Reconozco que si no supiera que es viaje con retorno, me moriría de pena. Y que a ratos, a veces, también lo hago. Pero encontrarse con uno mismo debe de ser maravilloso, aunque temerario. Desde aquí sólo puedo brindarle lo mejor de mí a quien, desde tan lejos, se atreve y agita mi aliento. Valiente.

Nuestra historia fue una historia desordenada. Con varios finales al principio y un inicio final. Muy poco cinematográfica. Como un cielo de verdad. Nunca hubo segundas ni terceras. Ni si quiera hubo partes en todo este todo. Ni tiempo, ni fondo. Nos tuvimos el uno al otro, el uno para el otro, como sólo se tiene el que olvida el riesgo que es perder. Y no sé ya cuántos versos me lleva tu poema, pero debes saber que con él me llevas por entero a mí.

Nuestra historia es una historia desordenada. La de los ojos en blanco mientras siento que lo que vibra, también y tan bien, es el músculo del amor. Pequeña muerte, dicen que dicen los franceses. Y yo digo que, seguramente vale la pena todo lo que la humanidad, a través de los siglos, ha recorrido. Los caminos trazados, las muertes lentas, los caminantes heridos. Seguramente valga la pena sólo por cómo mueve mi sangre, mientras el Sol calienta allá desde muy lejos, un vulgar recuerdo.

Jueves, 7 de Agosto de 2008

Aire es lienzo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 9:00 pm

Aún tengo miedo a veces de ser una muerta en combate que vela por el cadáver de su vivo. Menos mal que hoy no. Ahora desde mi sitio pienso en el suyo. Lo recuerdo como un sitio caliente y húmedo. Recuerdo tazas de té sucias por encima de la mesa. Olor a suspiro, a viejo, a entradas y salidas y a pensar con los pies en el sofá. Siempre tan acogedor. Su sitio está lleno de vida y de pequeños placeres recogidos: Un libro medio abierto con las hojas arrugadas, una luz tenue, un paquete de cigarros, algunos cd’s desordenados. De las esquinas cuelgan aquellas huellas tiernas de los disparos de otro tiempo. Recuerdos que, imagino, hacen que uno no olvide quién es. También en su sitio hay un balcón hacia un desierto enorme, siempre en construcción, por donde vuelan desde su boca los sueños de las noches de verano.

Si pudiera pintar un olor en el aire tan sólo con un dedo, esta noche pintaría el de mi lengua en su ombligo.

Que prohiban lamer, tocar, desear y ser tocados. Que prohiban la saliva, las miradas, los pezones, los músculos, las manos. Que prohiban el abrazo, el arañazo, el flujo, el tacto. Que prohiban todo lo que hace vibrar, sentir, bombear. Que te prohiban a ti, amor. Y sólo así conseguirán matarnos.

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