¿Dónde queda el Sol Naciente?
Por una vez en la vida, el Sol se encuentra en el país del Sol Naciente. Nunca había estado tan lejos de mí y sin embargo, sonrío. Reconozco que si no supiera que es viaje con retorno, me moriría de pena. Y que a ratos, a veces, también lo hago. Pero encontrarse con uno mismo debe de ser maravilloso, aunque temerario. Desde aquí sólo puedo brindarle lo mejor de mí a quien, desde tan lejos, se atreve y agita mi aliento. Valiente.
Nuestra historia fue una historia desordenada. Con varios finales al principio y un inicio final. Muy poco cinematográfica. Como un cielo de verdad. Nunca hubo segundas ni terceras. Ni si quiera hubo partes en todo este todo. Ni tiempo, ni fondo. Nos tuvimos el uno al otro, el uno para el otro, como sólo se tiene el que olvida el riesgo que es perder. Y no sé ya cuántos versos me lleva tu poema, pero debes saber que con él me llevas por entero a mí.
Nuestra historia es una historia desordenada. La de los ojos en blanco mientras siento que lo que vibra, también y tan bien, es el músculo del amor. Pequeña muerte, dicen que dicen los franceses. Y yo digo que, seguramente vale la pena todo lo que la humanidad, a través de los siglos, ha recorrido. Los caminos trazados, las muertes lentas, los caminantes heridos. Seguramente valga la pena sólo por cómo mueve mi sangre, mientras el Sol calienta allá desde muy lejos, un vulgar recuerdo.