Domingo, 22 de Junio de 2008

Escaleta de efectos

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:15 pm

Hay noches en las que el silencio de vuelta a casa, resulta como el que llega después de cualquier huracán. La ausencia se convierte en un grito sordo, que duele y clava y vacía de sangre cualquier cosa que bombea. La calma, aparente, se deshace en tristeza y se hace de huecos en los que retumba todo aquello que es pasado. Permanecen en la memoria los escombros menos necesarios, aquellos que un día fueron los más bellos.

También hay días en los que el camarero de un bar nocturno, con aspecto de camarero de bar nocturno, te muestra que el edificio de fachada más fea, tiene las vistas más bonitas de Madrid. Que su cabeza, llena de libros, posee toda la libertad que tú sólo llevas anhelando desde el comienzo. Y que el movimiento, sí, se demuestra andando (aunque ella siempre vaya dos pasos más allá).

Y después, hay tardes en las que una mujer preciosa te regala un libro dedicado. Y te das cuenta de que ella te gusta porque se defiende, suave, ante la vida. Porque ilumina sin quemar, inundándolo todo del brillo de un comienzo que no cesa. Luz fresca como la del reflejo del sol en el agua. Como la que se dibuja en la tierra cada tarde de verano, removiendo los milagros, los brotes, las flores. Enfocando a los musos y las musas, que abren puertas todos los días.

Y es que en la escaleta de efectos de la vida, algunas personas a veces queriendo, a veces sin querer, te obligan a lanzarle un beso en la boca al horizonte. Y sonreír.

Martes, 10 de Junio de 2008

Cumpliendo con mi oficio

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 9:41 pm

Caer preso dentro de uno mismo y recorrer cada hueco. Algunos salvajes y puntiagudos, otros suaves y silenciosos. Como lo es cualquier recuerdo. ¿Por qué lo escribo? Porque a veces es mejor escribirlo y parar. Escribirlo y morirse un rato de ser uno mismo. Quedarse vacío, como un poeta sin versos, como una niña sin dulzura. Aunque sea mentira. Cualquier cosa es mejor que escuchar como el viento, fuerte, trae consigo los miedos de los que tanto huyes. Pero no te escondes.

La sonrisa de mi abuelo (mi abuelotodo) me recordó lo bueno que es tener quince años. Sin duda un triunfo, a pesar de lo que digan. Brindar por cualquier cosa y en cualquier momento. Porque al final lo más bonito del Veni Vidi no es el Vinci, sino el Vicio. El vicio de sentir, el vicio de querer quererlo. Y escuchar como un poeta flaco canta “recuerdo su olor, y se me pone tiesa” mientras dejo, yo también, en carne viva el corazón. Porque me gusta. Me gusta y me encanta destaparlo a ratos, como si en verdad fuera alguien valiente. Y es que yo no la pierdo, nunca la pierdo. Me niego. A pesar de que siempre sea ella la que me haga perder. La pasión es lo que hace que todo, al final, se consiga. Hasta saber que entre lo ganado y lo perdido, entre lo vivido y lo ya muerto, a veces hay una línea tan fina que da risa. Mi hermano dice que parece que siempre ando con una flor en la mano. A pesar de que yo quise cara de mala y un fusil, puede que sea verdad.

Le deseo los sueños más bonitos del mundo, todas las puertas abiertas, aire y respiración. Esta noche, mi pasión dicta. Esta noche me conformo, sí, con desearle. Nada más, no, tampoco nada mejor.

Domingo, 1 de Junio de 2008

Lo mismo que si tú existieras

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 8:16 pm

Anoche viví durante un rato. Por el camino me encontré un príncipe malo, una rubia lista y un pirata muy guapo. Siempre suelen ser guapos. Anoche se posaron sobre mis heridas muchos labios, muchas buenas mentiras. Anoche, pensé tanto en la vida, que terminé desnudándome en mis propias manos. Ahora frías, ahora calientes. Ahora suyas, ahora mías. Anoche, sólo quería seducirla. Para que me arrastrara, para que me hiciera perder. Para que me dejara, por un rato, ausentarme de mí. Pero cuando es la vida la que te mira a los ojos, de nada sirve huir de ti. Sólo quise, de nuevo, quemar mi boca contándole que un día dije amor, que un día dije poesía. Porque al fin y al cabo, aprender a equivocarse, a tacharse, a arrepentirse… Enfrentarse y confrontarse con la realidad, con uno mismo, mientras te desnudas lentamente y lo sangras todo. Y, sí, mientras es la propia vida la que te está mirando… Es la sensación más bonita del mundo.

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