Reconozco, asustada, que podría ponerle hoy a la vida tu nombre.
Lo reconozco con el mismo miedo del que reconoce como suyo el nombre del asesino, bajo una cruel guillotina. Y no se arrepiente, y no tiene una última voluntad. Aunque entre la última palabra y el punto y final exista el deseo de no ser muerto por eso. Aunque todos le miren. Unos con asco, otros con rabia, algunos con pena. Y él mientras sonríe. Nunca deja de sonreír.
Reconozco, asustada, que en este combate deseo tocar y ser tocada. Reconozco, asustada, que adoro tu cabeza llena de principios y de finales. Reconozco, asustada, que me excita desnudarme ante ti. Deseo todos los momentos desahacer mis nudos en tu presencia.
Reconozco, asustada, que me encanta tenerte frente a frente.
Lo reconozco con el mismo deseo soplado de la misma flor, con el que deseo todos las primaveras poder sonreírte. Lo reconozco como sólo se le sonríe a lo más bonito de la vida. Lo reconozco con la sonrísa con la que sólo le sabe sonreír aquel condenado a la misma muerte.
24 de Mayo de 2008 annabel dice:
…Reconozco que en este combate deseo tocar y ser tocada.
Sabes lo que más me gusta de ti, Mala?
Que te nace, que te sale de las entrañas, que emocionas, que llegas, que lo sientes
Te he dejado alguna vez comentarios sin blog, ana_bel, tenía, pero no me apetecía, ahora tengo otro ;))
Me encantas
3 de Abril de 2008 Dani dice:
Reconozco que flipo contigo…
Qué grande!
3 de Abril de 2008 enara dice:
maravillosa condena, y es que a veces ansiamos ser tan masocas…
bss!