Sábado, 29 de Marzo de 2008

reconozco

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:14 pm

Reconozco, asustada, que podría ponerle hoy a la vida tu nombre.

Lo reconozco con el mismo miedo del que reconoce como suyo el nombre del asesino, bajo una cruel guillotina. Y no se arrepiente, y no tiene una última voluntad. Aunque entre la última palabra y el punto y final exista el deseo de no ser muerto por eso. Aunque todos le miren. Unos con asco, otros con rabia, algunos con pena. Y él mientras sonríe. Nunca deja de sonreír.

Reconozco, asustada, que en este combate deseo tocar y ser tocada. Reconozco, asustada, que adoro tu cabeza llena de principios y de finales. Reconozco, asustada, que me excita desnudarme ante ti. Deseo todos los momentos desahacer mis nudos en tu presencia.

Reconozco, asustada, que me encanta tenerte frente a frente.

Lo reconozco con el mismo deseo soplado de la misma flor, con el que deseo todos las primaveras poder sonreírte. Lo reconozco como sólo se le sonríe a lo más bonito de la vida. Lo reconozco con la sonrísa con la que sólo le sabe sonreír aquel condenado a la misma muerte.

Jueves, 27 de Marzo de 2008

Rojo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:32 pm

Un atajo, un cobijo. No sé aún lo que ando buscando, quizá por eso siempre camine tranquila intranquila. Saltos, descalabros y pasitos pequeños mirando atrás, mirando al suelo. Rozando todas las manos, todas las ramas, todos los suelos. Los sueños, ahí van corriendo, siempre corren y se descuelgan con cualquier lágrima. Tener el viento en tu contra a veces te concede el tiempo necesario para determinar que eres perfectamente inestable en ti. Y que todo esto a veces te hace sonreír. Necesitar te deja las yemas de los dedos muy rojas y a cualquier cosa que toques termina por sangrar. A veces sigo caminando por encontrar ese pueblo perdido en el que quizá logre por fin encontrarme. Sería un encuentro precioso, lo sé. Me besaría con la boca muy abierta, y acariciaría mis mejillas, y mi pelo.

Pero seguiría dando mi vida a quien quiero que me quiera. Seguiría usando mi tiempo para llenar el suyo. Trataría de dormir todas las noches con su brazo entre mis muslos. Y me dejaría escapar, de nuevo.

La eterna discrepancia entre la vida y yo, viene dada porque todos los días me gusta morirme de mí, aunque a veces sólo me dejen un ratito. Soy de esas felices e irresponsables criaturas que se escapan de si mismas y que gustan, mucho, de vivir metidas en el cuerpo de otro, abrazadas a otro. Amando, deseando, exhalando en la boca a otro.

Martes, 18 de Marzo de 2008

Apaga la luz

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 2:31 pm

Las dudas obstruyen destruyen construyen. Casi siempre no depende de lo que haya sino de que halles, de que busques, de que inicies. Estos días no dejo de buscar un espacio azul, abierto, enorme. El entorno no se lo pone fácil a casi nadie. Es lo divertido de esta mala bestia, bella, gigante, tremenda, como el cielo. Así es la vida, dicen.

Dije “apaga la luz”, no por valiente sino por pura comodidad. La noche le teme al día, porque despierta todos los sueños, porque arrebata lo que es y no es, y lo que puede ser o quizá fue. Y lo deja todo en la más absoluta claridad. Y lo ilumina poniéndote un espejo ahora de frente. Las sábanas me protegían de los monstruos al llegar el alba. Tú dijiste “perezosa”. Yo pensé cobarde. Y pusimos remedio.

Me encanta cuando usas más tu piel que tu mente. Aunque adore tu mente. Te adoro más a ti. Me encanta cuando el silencio está más encerrado que nunca en mi boca y llegas tú y lo perturbas con un beso. Lo turbas, lo curvas y ahora la carne es verbo y el verbo es tú. Los ángulos se vuelven convexos, con besos. Los ojos, tus ojos, me miran de boca a manos cayendo, como sólo cae el sol en primavera. Lento, miento, mientes. Disimulan el estímulo y el tiempo. Por fin me vuelcas, me vuelco. De tu mano a mi mano, de tu lengua a mi lengua, de tu piel a un espacio azul, abierto, enorme. Y por fin, no sólo abro los párpados. Por fin, me atrevo. Y contigo despierto.

Lunes, 17 de Marzo de 2008

mi amigo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 10:32 am

Mi amigo me gusta porque es ya un poco mayor para llevar zapatillas de cordón ancho y pantalones de los que se caen, pero los lleva. Mi amigo me gusta porque habla muy deprisa, come muy deprisa, se ríe muy deprisa y es la persona más hipocondríaca que conozco. Mi amigo me gusta porque se tropieza mucho al caminar. Mi amigo me gusta porque dice que tiene dos amigos dentro, el que se pone siempre triste y el que no para de reír. A mí me gustan los dos, porque siempre me lo cuentan todo. Mi amigo me gusta porque es flaco, no muy alto, y con los años le ha crecido una especie de bultito en el ombligo al que él denomina barriga. Mi amigo me gusta porque es peleón, se cae, e incluso llega al fondo. Me gusta porque está lleno de heridas, de tiritas de colores y porque siempre está dispuesto a ir a un concierto. Mi amigo me gusta porque critica la música que pongo en el coche y si llevo pantalones ajustados se enfada porque dice que me disfrazo de mayor.

Mi amigo me gusta porque a veces nos hemos imaginado desnudos tocándonos, y a veces nos hemos imaginado la vida el uno sin el otro, a cientos de kilómetros. Y hemos sufrido los dos. Mi amigo me gusta porque algunas veces nos hemos enfadado y no nos han gustado ni su novia ni mi novio. Me gusta porque le gusto triste y le gusto contenta. Me gusta porque en verano se pone negro y parece un gitano. Me gusta porque no se enfada si no le cojo el teléfono. Me gusta cuando dice “somos los mejores”. Y lo piensa. Me gusta porque dice que si nos gustásemos seríamos la pareja perfecta.

Me gusta porque a pesar de todo esto, es mi amigo.

Martes, 11 de Marzo de 2008

Buscando

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:31 am

Estos días revueltos, en los que el sol decide calentar tu piel y el viento resquebrajar tus labios, son los que más me recuerdan a él. A él y a su pequeño rincón, que compartía de manera intermitente conmigo. A él, a su voz y a su olor, que nunca se me olvidarán. Con él me di los besos más largos y más tiernos del mundo. Tenía una boca lo suficientemente pequeña para no asustar y lo suficientemente gruesa como para pedir a cada instante ser dibujada, mordida y entretenida por otros labios. Era pequeñito y resplandeciente, como todo lo que hacía. Minoritario pero lleno de amor, de rabia, de vida. Caminaba de puntillas y a veces daba volteretas por el aire como un chico de circo. Una auténtica estrella fugaz que pasaba por mi vida dejándome rozar mis sueños, para luego marcharse a seguir recorriendo el Universo.

Muchas chicas, todas las chicas, se enamoraban de él. Muchas chicas, todas las chicas guapas, le deseaban. Pero, aunque nunca entendí muy bien porqué, le gustaba yo. Le gustaba porque decía que era sutil, caminaba sutil, miraba sutil, reía sutil y en el pelotón de guerra estaba en una postura del que se mantiene en primera línea sin que nadie lo supiera. Decía que le gustaba porque era una valiente que se creía cobarde. Que le gustaba porque de pronto mordía sin darme cuenta y cuando me percataba me echaba a reír. Decía que le gustaba porque era la única que encajaba en su pequeña cama. Decía que le gustaban mis dientes, enormes y descolocados. Y cada vez que decía todo esto, dejaba de entender nada, y mí él me gustaba aún más. Endulzaba la vida y los oídos de tal manera, que yo ya sólo podía buscar con obsesión en el cielo, agotando todos los recursos de mi imaginación.

A veces decía “mi amiga”, otras veces decía “mi amante” y cuando sabía que me iba a perder, me preguntaba qué era antes, si la flor o la primavera. Me agarraba de la mano y decía “somos tan parecidos que nos chocamos constantemente. El uno con el otro, el uno para el otro” Así es y así fue siempre. Lo nuestro era chocar, confundirse uno con otro, uno dentro de otro. El saltar hacia ti, contigo. Por eso nunca estamos ya juntos. Por eso sé que nunca voy a estar junto a nadie como cuando estuve junto a él.

Y todos los días durante un ratito, miro al cielo, buscando.

Domingo, 9 de Marzo de 2008

Domingo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 4:29 pm

De camino pienso en qué bien le sientan a mi padre las flores amarillas sobre el cesped verde en la cabeza. Quizá sea sólo un truco de luz sobre el espejo retrovisor, pero hoy le encuentro más radiante que nunca. Es tonto pensar en las cosas tontas que le hacen a uno felizmente tonto. Pero siempre me gustó sentarme en el cole al lado del “niño tonto”, generalmente era callado y de ojos grandes. A veces llevaba unas gafas de esas tan gordas, que le hacían los ojos como botones. Si pisaba una flor sin querer, luego la olía y a veces me la regalaba. Se llamaba Edu, era genial y tenía una piel preciosa. La piel, es lo primero y lo último, y quedan pocos a los que les brille de manera natural. Como quedan pocos pecosos y pocas tripas naturalmente sexys con lunares.

Volviendo al principio, y de camino por él, es curioso que siga dando rabia que no dejen a una meter el sobrecito en la urna. Siempre hace ilusión sentirse importante, como cuando es tu cumpleaños. Es curioso también que siga dando tanta verguenza que te miren siete caras a la vez mientras pronuncian tu nombre en alto. Como cuando es tu cumpleaños. No sabes qué hacer y acabas mirando los zapatos del señor de al lado mientras te preguntas cómo a tu madre le huele siempre bien el pelo. Cosas de madres. Como cuando sabe que has llorado y hace años que no te ve llorar. O como cuando te dice que te quedes al lado de quién te quiere y un día descubres que es el mejor consejo del mundo.

Me gusta saber que tengo una mejor amiga que siempre ha estado ahí, hasta para llamarme irresponsable y, como en mi cumpleaños, tirarme de la oreja hasta hacerme llorar. Y que puedo dedicar un sábado entero a estar con ella a pesar de verla todos los días. Ver Juno y pensar en cuánto se parece tu hermana a esa niña tan diminuta con una boca poderosa. Tan terriblemente bonita que asusta. A veces pienso en cuando yo era el Planeta color verde que se movía por sus ojos azules todo el día. Pienso en cuando me salvaba de puertas asesinas durante sus pesadillas. Pienso en cuando me cogía de la mano y yo aún le sacaba un par de cabezas. Pienso en cuando me preguntaba qué me parecía algo. Y me pongo triste aunque no debería. Me pongo triste de egoísmo. Y recuerdo que dije que aquello del espacio y el tiempo a veces me parece una puta mierda. Como cuando plantas tu primera lenteja y te pasas horas mirando a ver si crece. Cuando ya te olvidas, un día miras por el rabillo del ojo y ya es una planta verde, grande. Increíblemente bonita. Y te da rabia. Rabia porque sólo puedes contemplar cómo han sido los rayos del sol y las gotas de agua las únicas capaces de formar y transformar todo aquel milagro. Rabia porque eres mera espectadora de toda aquella explosión de hermosura.

Pero al final del camino, es decir, cuando regresas, la ves ahí. La lenteja más bonita del mundo tirada en el sofá, en pijama, mientras come un trozo de chocolate y te sonríe. Y recuerdo lo agusto que me siento en casa. Y es que el tiempo y el espacio, en todas sus vertientes, no son ninguna puta mierda.

Miércoles, 5 de Marzo de 2008

Entender

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:15 am

Entiendo al que dice que necesita inspiración, entiendo al que se muere de drogas, entiendo al que se muere por amor, incluso entiendo al que no se moriría por nada del mundo. Entiendo que alguien más allá quiera tocar mis lunares, y entiendo querer pasear mis yemas por los suyos también. Entiendo a los que no me llamaron por mi cumpleaños porque se olvidaron de mí, y entiendo a los que no entiendo que me aún me recuerden. También, para qué engañarnos, entiendo a quien se atrevió a limpiar toda la sangre que brotó sin permiso de una boca, mi boca, que temblaba de tal modo que la pensaron golpeada por alguna certeza como la muerte (sólo fue un beso). Y también comprendo al que me deja, de vez en cuando, rozando la arena del desierto más inmenso. Entiendo más que nunca a las brujas y a las chicas con mejillas rojas. Entiendo, a estos un poquito más de cerca, a los que miran la piel de las personas con máxima atención, para poder recordarla antes de dormir y sonreír o tocarse un poco. Entiendo a los que escriben las cosas importantes en post-it y poemas en lenguaje sms, también a los que dibujan la caricatura del profesor en el libro de la generación del 27. Y a los que después de leer “Sabe, si alguna vez tus labios rojos, quema invisible atmósfera abrasada, que el alma que hablar puede con los ojos también puede besar con la mirada”, cierran la puerta corriendo, apagan la luz y se hacen una bolita agarrándose a la almohada.

Entiendo que el deseo es un estímulo constante que empuja y vuela, pero también entiendo que el deseo asociado a algo o a alguien se convierte en unas muñecas que corren muy rápido amarradas por esposas. Entiendo que el miedo es una sombra que nos persigue toda la vida, y que se agranda o se achica en función de los rayos del sol. Pero entiendo que ambos, deseo y miedo, sólo forman parte de los culpables, los condenados, los perdedores… Todos esos seres de impulsos naturalmente desordenados, que mueren porque son naturalmente mortales, con marcas, heridas abiertas y la cara manchada. Todos esos seres absolutamente hermosos, que se atrevieron alguna vez a vivir y que un día movieron el mundo. Y los entiendo.

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