-¡Roba unos regalices!- Pero yo no quería robar unos miserables regalices. Yo quería robar unos ojos, tus ojos, que estaban allí clavados como un alfiler en mi espalda. Yo quería el mundo entero. Yo te quería a ti, o todo o nada. Pero cogí los regalices y me fui. Y mientras giraba, tu sombra y mi sombra me esperaban, desdoblaban la esquina y la convertían en el ángulo más recto, en el folio más blanco y la más bonita historia de amor jamás contada. Y me di cuenta del milagro que son las cosas a las que los humanos no alcanzamos. Cosas como el atardecer, el cielo que explota de color rosa, el olor a hierba, la primavera, la lava del volcán, las siluetas negras que se besan a tus pies y el querer llevar siempre en tu espalda unos ojos de una cara.
Me voy durante unos días, igual que me fui entonces. Y volveré, también volveré. Allí me esperan una ciudad y un color. Me esperan el sol, su abrazo y su música. Y un sueño, el sueño en el que aún me esperan en una esquina desdoblada, en un folio, o en una página web.
Aur voir, una sonrisa. Y por todo, gracias.
16 de Febrero de 2008 La buena de la película dice:
Dianiiiii traéme un regalitooo