Sábado, 23 de Febrero de 2008

Vine y vi

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:16 pm

La primera vez que le vi, coincidió con que ya le había visto muchas otras veces antes. La primera vez que le vi, gesticulaba igual que ahora, hablaba igual que ahora, llevaba el mismo corte de pelo, quizá incluso la misma ropa… Pero la primera vez que le vi, coincidió con la vez que me pregunté qué historia llevaría detrás de todo aquel cuerpo que se retorcía extremadamente ágil y coordinado. Fue entonces y sólo entonces cuando me di cuenta de los colores que él emitía, el color de su boca azul, el color a tierra seca de sus manos, y después llega todo lo demás. Sus líneas blandas, (blandísimas como ondas) y sus contornos duros (durísimos como un no). Y su tacto, que es en esencia el que me dicta cómo ir mirándole. Primero tocar, después sentir y por último (con suerte) ver. Quizá no debería de ser así, pero es así como es en la mayor parte de los casos.

Hay personas a las que desearías ver feliz todos los minutos de su vida, y les quieres tanto desde tan adentro que lo único que se te ocurre decir es “no te mueras nunca por favor”. Pero algunos días se ponen tristes, te niegan un beso y comprendes que tú no eres quién para tratar de hacer inmortal a nadie. Que cada uno quiere marcharse cuando debe. Y que odias los miedos del otro porque, en el fondo, no sabes a quién le dan más terror. Y piensas en salir tú corriendo antes de que nadie se mueva, muy deprisa, porque quizá debes. Pero dices “si la bolita cae dentro de la papelera, me quedo”, y cae fuera. Y por supuesto te quedas. Porque (le) quieres.

Jueves, 21 de Febrero de 2008

Barro

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 1:02 pm

Estas palabras fueron concebidas una mañana de febrero, allá en dónde el calor tropical y la lluvia caliente amenzaban los rizos de las muchachas morenas. Tremendas mulatas de largo cabello y piel suave. Se me repetía cada noche el mismo sueño. Ahora no sé qué pasará.

Me sentí, lo logré, me sentí barro de nuevo. Presencié como nuestra vida es en esencia la búsqueda del otro, a veces de cama en cama, otras por webcam o mirando al cielo bruscamente, como esperando un sí. Me dio tiempo a leer sobre un experimento en el que se tapaba la piel de una persona por completo, de manera que perdía el sentido del tacto y me entró pánico. La carne quizá sea sólo carne, carne que tapa los huesos, carne que expresa nuestros sentimientos y nuestras heridas. Pero a mí me sale un lunar nuevo cada vez que la carne que busca carne encuentra algo más. Y si pienso en la carne de tu boca, no es como las demás. No, no debe de serlo. No es fácil encontrar bocas azules de brisa fresca y nubes en las que pararte a descansar.

Y ahora encuentro una foto y un recuerdo, el de que no hace falta que algunos estén para ser. Que algunos siempre son y que, soy barro, arcilla, polvo de Tierra y de vez en cuando no me importa admitirlo ante el Tribunal. Todos te señalan durante un rato, dicen que no serás contratada, ni admirada, ni amada. Pero luego, bajo la misma lluvía, todos nos deshacemos por igual.

Se me repetía cada noche el mismo sueño. Todas las paredes eran blandas, todas las rejas eran duras y Picasso se aparecía en un cubículo claustrofóbico con un mísero rayo de luz, creando. Porque da igual el tiempo, el espacio, la luz o el aire. El que cree algo, lo crea, el que crea algo, lo cree. Y quizá no necesitamos unos zapatos para caminar, pero sí un mundo entero sobre el que ponernos en pie. Manos, tus manos, y no las de cualquier Dios. Manos, tus manos, siempre son ellas las que sostienen este barro.

(gracias, gracias, gracias a todos por estar ahí)

Sábado, 9 de Febrero de 2008

volveré

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:46 pm

-¡Roba unos regalices!- Pero yo no quería robar unos miserables regalices. Yo quería robar unos ojos, tus ojos, que estaban allí clavados como un alfiler en mi espalda. Yo quería el mundo entero. Yo te quería a ti, o todo o nada. Pero cogí los regalices y me fui. Y mientras giraba, tu sombra y mi sombra me esperaban, desdoblaban la esquina y la convertían en el ángulo más recto, en el folio más blanco y la más bonita historia de amor jamás contada. Y me di cuenta del milagro que son las cosas a las que los humanos no alcanzamos. Cosas como el atardecer, el cielo que explota de color rosa, el olor a hierba, la primavera, la lava del volcán, las siluetas negras que se besan a tus pies y el querer llevar siempre en tu espalda unos ojos de una cara.

Me voy durante unos días, igual que me fui entonces. Y volveré, también volveré. Allí me esperan una ciudad y un color. Me esperan el sol, su abrazo y su música. Y un sueño, el sueño en el que aún me esperan en una esquina desdoblada, en un folio, o en una página web.

Aur voir, una sonrisa. Y por todo, gracias.

Martes, 5 de Febrero de 2008

Verdad

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 3:22 pm

¿La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Qué aburrido, qué aburridos los te miento, los te quiero pero te olvido, qué aburridos los nunca jamás, el ocio innecesario, los silencios no escogidos y los adjetivos calificativos. Qué aburridos los sitios que tienes que ver, las respuestas que tienes que dar y el me voy a dormir para descansar. Yo sueño. La chica que me señala, no sé, seguramente sea otra mancha en mi expediente. Que espero sea ya color completamente rojo y completamente negro. Negro, como todas las metáforas del miedo, como los agujeros, como a veces es el cielo. Negro, como el veneno que entra por mis venas para salvarme de no caer enferma. Rojo como todo lo que sangra, rojo como el que vive y sobrevive. Rojo y negro, como tú. Como la carne que hay por encima de tus huesos, que se dejan notar muy por encima de la piel porque no le temen al miedo, que dan forma a lo que conforma un ser y un cuerpo que no se conforma. Curvilíneo, de ángulos cerrados y de ángulos abiertos, como la libertad, con todos los rayos del sol, como las dos medias lunas que se tocan con un principio y por un fin, convirtiéndose en una onda. Que es equilibrio, que es vida, que eres tú amor, media parte de mi vida.

Creces y emites colores fuertes que alimentan a todo un suelo, que vibran la tierra, que sólo hacen que salivar a aquellos buitres negros. Sé que eres todas las palabras y no eres ninguna. La verdad es que eres todos los segundos de aquel minuto de todo el tiempo. Y esto quizá te parezca algo cursi, quizá algo bonito. Pero lo escrito, escrito está. Y no es nada más ni nada menos que eso. Porque caer es a veces más que nunca tocar el cielo.

¿La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Me obstinaré, me detendré, me caeré y me haré daño, pero seré libre. Porque la libertad está sentir cómo a pesar de todo esto, crecen siempre desde suelo, las flores amarillas, los tallos verdes y tus dos brazos.

Domingo, 3 de Febrero de 2008

T(error)

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 8:33 pm

Le estoy queriendo tanto que miro al sol y vomito, de dulce empacho, todos mis miedos. Me desbordan los contornos del papel y de la mente, se cuelgan de aquella planta putrefacta ojos de serpiente, garras de león, noches sin luna llena y vuelan en mi nuca una nube de buitres que me aplastan contra el suelo. De mi pluma se descuelgan las palabras desordenando todas la letras, mi medio se convierte así en mi miedo. A tu paso siento que llueven de tanto forzar la vista abajo, todas las estrellas, que tiemblan más que nunca, y besan y rozan su boca. Hasta posarse encima de las flores como simples gotas de rocío. Y saltan también, cansadas de mirarte en plano detalle, todas las lágrimas de amor y sal que había aquí dentro. Soy yo la que tiemblo y en cinco minutos y del tiriteo, logro tirar sin control por aquel barranco de húmeda y sin hueso, todos mis sueños. Y siento el vacío más intenso que se puede sentir, el vacío del folio que se queda en blanco por escoger huir de todo aquello. Cierro los ojos fuerte, cuando los abra ya no habrá nada. Sin embargo, existen los milagros de dos piernas y tez morena. Los milagros que son como son, porque ya han tenido todo el rojo y todo el negro sobre su cuerpo.

Tú los recoges, despacio y los recolocas por todo mi cuerpo. Llenas cada folio con increíble cariño. Podías haberte ido, podías tú también haber huído, podías haber roto en pedacitos aquel minuto de aquel segundo de aquel tiempo. Pero sólo borraste una letra de todo aquello, porque a veces, dices, quitando letras construimos el sentido. Y terror se convierte en error. Sonríes, sé que no es fácil, pero sonríes. Y sellas mi boca con un beso para que no se vuelvan a escapar todo aquello. Que soy yo, que eres tú. No tengas miedo.

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