Miércoles, 30 de Enero de 2008

Sweet dreams

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:20 pm

Pienso en qué dulce alimentación debe de haber debajo de esa piel, suave, debajo de esa carne, dura. Pienso en qué venas tan llenas de sangre debe de haber detrás de esa boca roja, de esa lengua fresca. De esos ojos, que más que mirar bombean. El ojo no es ojo porque te mira, sino que es ojo porque te ve. Así que aprisa me muestro, como sé, como puedo. Y soplo el polvo de mis manos como si de polvos mágicos se tratara y miro como se posa en tus huesos. Creo que tienes algunos que yo no tengo y de los que me podría colgar mientras tú sigues caminando recto. Pienso en la sal, y en el viento del sur, creo que ellos tienen algo que ver en todo esto. Y me disfrazo de chica vestida con vestido blanco y cabello largo. Pero pienso, pienso, y no puedo evitar pensar en el corazón que habrá ahí debajo, bombeando como una fresa roja, sabrosa y llena. Trato de imaginar cosas serenas, cosas de los 60, mientras coges el vaso de vino rojo y mojas cada palabra que sale y retuerce y choca mis dedos en mi boca. Para no decir nada. Y creo que si explotases, amor, teñirías este momento del baño más dulce jamás contado.

Lunes, 28 de Enero de 2008

Impulse

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:35 am

Tú escribes sobre hojas secas y todo eso. Y yo me siento imbécil, como cuando esperas una respuesta, como cuando esperas sola durante largas horas en una parada de autobús. Que nunca llega. ¿Tú qué harías con 800.000 millones de pesetas? Yo escaparía, haría tantas cosas… Pues yo me moriría del miedo. Y me mira un reojo y encoge mi vista. Parece que tienes cinco años. Nunca me sentí como para marcar el paso, y no sé si eso es bueno o malo, pero es así. Me subo a cualquier par de zapatos un poco usados que no vayan muy deprisa, y viajo, y me entretengo oliendo las flores a pesar de no llevar el pelo largo, ni un largo vestido blanco. Y escribo, sobre hojas secas, sí. Tengo suerte, eso es todo. Todo está ante mis ojos y el que va por delante de todo, se pierde todo lo demás. Desidia no, sólo me gusta oler rastros y moverme sin que nadie me mire demasiado, como un ratón. De cinco años.

Ascienden desde mis tobillos hasta mis pestañas, por mis venas en silencio, los límites, los puntos, las puertas. Las miradas de reojo, las hojas secas. Yo las conduzco a veces, infinitas, bombean mi sangre, la vuelven dura y negra. Como aquella línea que se dibuja en el horizonte. Fea, muy fea. Me pone triste, de piernas torpes, de lengua seca, de puños que se sangran las palmas y se aprietan. El dedo que señala y llena de miedo el infinito. Que nunca llega.

Impúlseme usted.

Martes, 22 de Enero de 2008

Tiempo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:20 am

Cuando entrelazas una mano y no sabes si empieza o termina el misterio. Cuando sientes que las farolas se deshacen a tu paso y dejan el suelo lleno de estrellas, que no tienen tan alta pretensión de guiarte, que tan sólo te acompañan. Cuando sabes que un susurro es el comienzo y es, al mismo tiempo, la muerte de aquel destino tan claro en el que tú solo te cogías de la mano. Cuando dejas a cada palabra, retazos de una misma figura en el papel, y parecen desde lejos estelas de deseos en un cielo negro. Cuando te enredas en las escaleras de un 2ºB y miras hacia arriba, y son de pronto de caracol las líneas rectas, y tu gorro de rayas parece un cucurucho, y tu sapo, una preciosa rana. Y un beso son unos puntos suspensivos en el corazón. Y tiemblan tus pestañas y por ellas vuelan el aire de su boca y el silencio del fuego que da lumbre, que da fe en todo esto. Lento, lentos. Como lentas las yemas por el cuerpo, como lentas las noches en que se cuelgan de la Luna las tristezas, las ausencias, los ausentes y la aplastan y la menguan hasta hacerla desaparecer. Como lentas son las gotas de vapor que se juntan en la cortina del baño y deciden caer, cogidas unas a otras, para volver a levantar y meterse por tu nariz, y hacerte respirar. Despertar.

Cuando el sol te invita a frenar la carrera y unos brazos te cuentan que son de primavera, y tú les crees. Y unos ojos, que son dos raíces arrancadas de algún astro, te pegan un latigazo por la espalda, tumbándote en suelo. Convirtiendo así el Retiro en un montón de horas que juegan y corren desnudas de temores. Y se tocan y se miran y se retuercen las manillas unas a otras sin importarles el tiempo.

Martes, 15 de Enero de 2008

Monstruos

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 9:45 pm

¿Pero tú sigues soñando con monstruos?
Sí, claro ¿tú no?
Los monstruos no existen, eso es de niños pequeños

Me llevé un tiempo tratando de encontrar la inspiración en otras cosas, arrancando de raíz algunas flores bonitas, como hacía ella, y apretando la garganta de aquel pobre pájaro que se posaba sobre mi ventana cada mañana. Así que al final fui a que me cortaran el pelo, y decidieron cambiar el flequillo de dirección. Me gustaba, quizá si tapaba mi ojo izquierdo cubriera también mi lado izquierdo del cerebro, ya saben, el lado verbal. Efectivamente pasé dos días y medio con la lengua gruesa y pesada, sin ganas de decir nada, sin ganas de decírselo todo ¡era genial! Pensaba que así quizá no volvería a soñar con monstruos. Hasta que rocé de nuevo la piel de mi monstruo favorito, el devorador de silencios, el de ojos blandos y manos duras. Como no podía ser de otra manera, me desperté con el flequillo en su sitio de siempre ¡voilá!

Y sí, seguía y sigo sin encontrar la inspiración serena y armoniosa, seguía y sigo sin encontrar esa frase que resuma toda la vida. Pero sigo alimentando cada noche a mi monstruo, soñando que nunca se saciará de mis verbos, ni tan si quiera de mi verborrea y se comerá cada palabra y serán sus venas dulces hasta explotar, y dejará caer algún que otro pedazo de su boca, alguna sílaba, quizá un sí, quizá un quiero, quizá un siempre, quizá un quizá. Sí, mi lado derecho del cerebro flanqueado por un flequillo sólo apartado por sus dedos. Mi lado derecho del cerebro, el que sólo sueña y mira y juega, sueña con un monstruo, mira a un monstruo, juega con un monstruo. Es un monstruo de verdad, porque los niños son los que mejor se mienten a sí mismos, porque dicen que cuando te dejas de mentir es cuando más te acercas a la muerte. Y yo no quiero resumir mi vida, no aún. Yo sueño con monstruos.

Martes, 8 de Enero de 2008

Enero

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 5:50 pm

Tengo enero, un año, un tiempo, entero. Tengo un montón de abrigos encima aún por quitar. Una rosa de pétalos secos a la que debería dejar irse volando, o colgar ya de una vez, en algún portaretratos viejo con un par de caras sonrientes. Muchos marcharse y aguantar, quedarse y aguantar. Frases que de dentro a fuera alivian, pero ah no, no vacían y que de fuera a adentro se echan más que de menos. A pesar de todo, tampoco hubo algo demasiado triste, y sí por mi parte florituras en exceso. Un año más y sigo enfadándome si no me dan la razón, un año más y sigo sintiendo necesario tanto calor. Un año más grande se ve que me hace un año más pequeña. Mi abuelo dice que he encogido, y creo que no le falta razón. Soy de las que piensa que 0 es la mitad de 8.

Se me había olvidado el olor del sol de Enero. Y no recordaba lo fácil que resulta perderse si llevas a alguien de la mano. Se me había olvidado la belleza de los caminos comunes y escuchar el pulso de alguien directo de tu oído a su corazón. Y taparle la naríz y hacerle el boca o boca al sapo de algún charco. Se me había olvidado que es la alegría, única y exclusivamente, la que se lleva los miedos. Y lo bonitas que son las conversaciones nada más despertar, con los ojos aún cerrados a la vida. Trazando planes que nunca se cumplirán, trenzando pensamientos que son por ahora mentiras, pero tomando tu mano en enero, nada más.

Viernes, 4 de Enero de 2008

Feliz año nuevo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 1:25 pm

Hay una estrella en la ventana, aunque él dice que es Marte porque se ve muy roja, claro. Y hay que creérselo, supongo. Yo creo que a lo mejor si está tan roja es porque se sentía sola, es porque sabe que aunque el cielo se parezca hoy a un campo lleno de flores brillantes por el rocío, la distancia entre estrella y estrella es en realidad infinita. Y se sintió triste pensando en su otra mitad, pensando en lo lleno y lo vacío, y se volvió roja. Yo la comprendo, en el fondo nos pasa igual a todos. Pero a mí no me llaman Marte, me preguntan ¿qué te pasa? Como si no fuera algo natural querer dejar de sentir el vacío, querer dejar de sentir que por mucho que parpadees con los ojos más brillantes, estás a infinita distancia de lo más cercano.

Esta noche me gustaría mover los planetas con las yemas de los dedos. Mezclarlos y ver qué pasaría entonces. Quizá diríamos “te quiero” con mucha más facilidad, quizá el color rojo dejaría de asociarse a todo lo malo, y quizá dejaríamos de correr para empezar a andar. Esto empieza aquí, y empieza con ganas. Yo en la cama con los ojos bien abiertos, y encima de mí una estrella roja, una voz en off en mi cabeza, que es la historia de mi propia vida, y que sin miedo esconde todo lo que habré de decir, a su debido tiempo.

No recuerdo un despertar de año nuevo como este. Todo, todo, todo, puede empezar aquí. Caminemos

Stats

Powered by WordPress