Sweet dreams
Pienso en qué dulce alimentación debe de haber debajo de esa piel, suave, debajo de esa carne, dura. Pienso en qué venas tan llenas de sangre debe de haber detrás de esa boca roja, de esa lengua fresca. De esos ojos, que más que mirar bombean. El ojo no es ojo porque te mira, sino que es ojo porque te ve. Así que aprisa me muestro, como sé, como puedo. Y soplo el polvo de mis manos como si de polvos mágicos se tratara y miro como se posa en tus huesos. Creo que tienes algunos que yo no tengo y de los que me podría colgar mientras tú sigues caminando recto. Pienso en la sal, y en el viento del sur, creo que ellos tienen algo que ver en todo esto. Y me disfrazo de chica vestida con vestido blanco y cabello largo. Pero pienso, pienso, y no puedo evitar pensar en el corazón que habrá ahí debajo, bombeando como una fresa roja, sabrosa y llena. Trato de imaginar cosas serenas, cosas de los 60, mientras coges el vaso de vino rojo y mojas cada palabra que sale y retuerce y choca mis dedos en mi boca. Para no decir nada. Y creo que si explotases, amor, teñirías este momento del baño más dulce jamás contado.