Bola del tiempo
Me han regalado una bola de cristal. Es una bola normal y corriente de cristal, nada más que eso. Sin embargo la acaricio y la aplasto imaginando que es el tiempo lo que tengo entre mis manos. Me encantaría por un momento no pensar en lo que estoy pensando, me encantaría no desear lo que estoy deseando, y sobre todo, me encantaría no decir lo que estoy diciendo. Si tuviera entre mis manos todos los minutos, todos los segundos, rompería cada espejo retrovisor de cada lado de mi cuerpo. Mi foco se centraría sólo en colorear las hojas de los árboles de invierno, en cerrar aquellas puertas entreabiertas. Frunciría el ceño ante los versos viejos y abriría mis manos para dejar caer toda esta arena de playa que aguanta aquí desde verano. Sí, y no diría nada. No dispararía balas al viento con intención de saber si siguen ahí los fantasmas. Y no echaría de mi cama cada noche al señor Gustavo Adolfo pidiéndole primero un beso en la frente.
Si tuviera entre mis manos toda la luz del siglo de las luces y todo el raciocinio de Kant, o al menos una parte insignificante, me olvidaría por completo de ti. Pero a veces te recuerdo. Y no pasa nada más, y no es triste ni alegre, sólo es eso.