Elige
Elige. Elige un peinado, elige una camiseta, un color de uñas, unas braguitas, una sombra de ojos, elige un contacto de tu agenda, un vaquero, una hora, un lugar, elige qué copa tomarás, elige una mirada extraña, elige ser simpática, elige sonrisa y será un beso, ya está, elige ahora ir a su casa, elige rozar, morder, lamer, pellizcar, elige dormir con su olor, elige, elige despertar extraña con extraño en extraño lugar. Elige sonreír al lavarte la cara y ver una cana más. Elige sabiendo que nunca hubo elección. Elige saber que sólo buscabas elegir sentir amor.
Si pudiera elegir un verbo que significara la felicidad, sabiendo todo el abismo que emerge de ella, todo lo que ella significa, todo el círculo que contempla. Después de mucho pensar, (qué complicado parecía, y no), diría: yo quiero. Sólo hay problema, sólo cosas del lenguaje, sólo vuelvo a no elegir yo. Y es que “queriéndote” dejó hace mucho de ser verbo. Desde que alguien tocó, quizá inconsciente, con un dedo mis entrañas, se convirtió sólo en un sustantivo que impulsa, y que mueve, que envuelve todo de… Tan sólo eso, mi pequeña, mi minúscula, mi felicidad.
Y no. Ya no sufro más, ni tiemblo, ni agonizo, ni impaciento al minutero. Tan sólo sonrío y sé que nunca hubo elección.