Domingo, 30 de Septiembre de 2007

polvo en los labios

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:09 pm

Hace meses que algo, que nada, me aplasta el alma. Hace meses que siento que no aprendo lo que aprendo, que no avanzo lo que camino, y que me llama la atención lo mucho que puede ignorar mi presencia, a pesar de los días, aquella lombriz que vive en un trozo de musgo bien plantado. No es que no aprenda, no es que no vea, que no sienta. Es que hace meses que mi cuerpo me pide cambio, mejor dicho, me pide huracán. Hace meses que me agoté de mirarme al espejo y ver el perfecto vacío de mi espíritu, el que es perfectamente adaptable, perfectamente neutral. El superviviente a todo, a todos. Una mierda de espíritu de color blanquito con pecas y sonrisa mal colocada. Sin más.

Hace meses que ando sentada esperando cualquier brisa. Que cuando una me llega, la agarro con las dos manos y la aplasto tan fuerte que de mis manos termina saliendo arena. Tic tac, tic tac. El puto reloj de arena que crece a mi lado me está mareando. Y me levanto, y camino, pego un salto, grito, susurro, me río un montón, veo la película Death Proof junto a mi hermana y siento cómo la felicidad invade todas las esquinas de mis huesos. Ella se va a hacer sus cosas. A mí me da por plantar un árbol, empezar un libro, por leer más a Kerouac y decir ¡joder, yo le quiero a morir! Eso me jode que te cagas pensarlo. Llego a mi casa y mi perro Lolo me lame, mueve el rabito y se echa a dormir. A los tres segundos, ahí estoy, sentada en el bordillo esperando que me de la puta brisa en la cara. Tic tac, tic tac. El reloj ya me sacará unos 5 dedos de altura. Empieza a asustarme, porque encima cada vez que se ríe se le queda polvo en los labios. Salgo corriendo, corro a mucha velocidad, así quizá sienta el aire. Pero cuando lo quiero atrapar, pum. Ya no es aire. Sólo arena. Granitos formados por los huesos de algún muerto, un par de sueños ajenos solidificados y el grito sordo de alguien al que en el fondo todo le da igual. No quiero, hace meses que no me conformo ya con eso.

Quiero que entre aire fuerte, aire decidido. Por razones poéticas o políticas, me da igual. Aire que entre por mis venas, y que haga salir ya de una vez todo ese humo negro mezclado con silencio, que hace bolas de gangrena por todos los músculos de mi cuerpo. Que me encoge y me vuelve una masa viscosa llena de pena. Quiero que entre aire hecho de rabia, de energía. Un huracán que me remueva todas las entrañas y haga fluir todo el asco, todo el placer, todas las ganas que son sólo ganas. Que diga “No dudo de que quiero arrastrarte, llevarte, atravesar tu piel y agarrarte desde dentro, por dentro, con mi mano cogerte de lo más dulce, lo más delicado y bombearlo. Herirlo quizá, pero bombearlo. Elevarte al fin, y devorarte sin picarte, sin hacerte pedazos. Sólo querer sentirte entera. Herirte quizá, pero sentirte entera”

Quiero, que un huracán entre en mi pecho y me haga trocitos los huesos, los ojos, los músculos y el cerebro, el espíritu, el cuerpo entero. Un huracán que entre y rompa el reloj de arena, y el tictac. Un huracán que no tenga miedo. Sólo eso, alguien que se atreva a la vida de verdad.

Sábado, 29 de Septiembre de 2007

tipex

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 2:23 pm

Cuando más me gusta es cuando está ahí,que parece sólo en mi pensamiento aunque esté delante. Cuando sus ojos se clavan en los míos, y ninguno dice nada. Es entonces cuando me acuerdo de algún poeta de esos famosos. Pero en cambio yo, procuro no preguntar ni decir, para no estropear nada. También me encanta, cuando está allí lejos, y veo cómo se acerca, y aún a un palmo de mi cara sigue mudo, sigo muda. Es entonces cuando me acuerdo de esas películas en blanco y negro, dónde los hombres llevaban sombrero y no dejaba nunca de llover. Pero no digo nada, porque no quiero estropearlo. Si pudiera pasarme la vida callada, sintiéndole a él también con la boca sellada. Sin tratar de expresar con mierda de palabras todo lo que tengo aquí dentro, sin acabar jodiéndolo todo diciendo sandeces con mi mejor intención. Si pudiera prescindir de las palabras, por una vez morderme la lengua, y entender que es mejor no tratar de expresar ciertas cosas tan naturales. Si pudiera sería muda, y desaría que tú también lo fueras, y dejaría de escuchar y de decir “te juro que esto es verdad”. Porque todo esto es mentira en tanto que trato de hacerlo palabras, se deshace y se transforma en términos como “mucho” “poco”. Y hablar de sentimientos y de vida sin acabar jodiéndolo todo, sin acabar manipulándose a uno mismo, quizá sólo puede, quizá sólo sabe el poeta. Yo no.

Tratar de expresarme más allá del silencio, de los gestos, es el relámpago que mueve la quietud del cielo. Es la muestra artificial, que termina en un ruido feo y pretencioso y que siempre termina siendo igual. Pero yo la cago, y sale el animal que dentro y cabalga y lo expreso, y digo “vámonos a vivir al campo” o “te necesito”. Tendrían que inventar el tipex atemporal y adimensional.

Jueves, 27 de Septiembre de 2007

Otoño

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:19 pm

Es en esta época del año cuando se empiezan a enfriar los huesos. Hace tantos días que no sentimos fresco, que nos invade por dentro como si se tratara de auténtico frío polar. Es entonces cuando nos encogemos tanto que achicamos los ojos hasta perder perspectiva. En esta época del año los huesos se encogen, y con ello todo el material que hay dentro, y los ojos se vuelven chiquititos. Dejamos de focalizar el mundo para focalizarnos sólo a nosotros mismos. En esta época del año, de tanto mirarnos y de tanto encogernos, nos invade la melancolía. Y son las hojas secas las que se encargan del resto, secando todo rastro de lo que antes fluía. Yo pienso que lo que no fluye, acaba siendo una mierda putrefacta.

Recuerdo cómo hasta hace apenas dos semanas, a él se le encendían los ojos cuando dejaba un nuevo mensaje en el pequeño río. Lo hacía porque el sonido de aquel aguita pendulante le gustaba, y lo hacía porque sabía que así fluirían juntos hacia el océano más gigantesco. Ahora ya no ve el río, su frío por dentro es tan intenso que su ranura de ojos apunta hacia adentro. Yo me asustaría mucho estando en su situación, procuro hacer un esfuerzo enorme para no llegar a ese estado. A veces he llegado a pegarme las pestañas a los párpados, todo antes de apuntar sólo hacia adentro. Sé que no lo soportaría. Prefiero ver algunas cosas siempre, aunque me resulten muy lejanas. Pero él se gusta, y se valora casi casi hasta lo que le valoramos los demás, así que no tiene ningún miedo, es más, lo disfruta. Disfruta focalizándose, y de esta manera crece.

A mí focalizarme me entristece. Todo lo que crece, me crece demasiado adentro como para llegar a disfrutarlo. Soy más de partirme en pedacitos pequeños, algunos muy rojos, y tirarme a tomar por culo para luego hacerme otra vez. Y quedar del mismo tamaño, aunque siempre descolocada. Por eso las piezas tan sólidas, que se van agrandando pieza por pieza ellas mismas, me abruman. Porque no me siento capaz de ser así. Y por eso quizá a veces le vea tan lejano, pero le siga deseando ver.

Salud, dinero y amor. Del dinero ya lo sabemos todo. La salud es lo más importante… No, como dice Punset, no. De lo único que no podemos prescindir, es del jodido amor.

Miércoles, 26 de Septiembre de 2007

dulce obsesión

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 10:07 pm

Desde que la vio aquel día, no había conseguido olvidarla. Eran tan increíblemente distinta. No tenía aspecto de ser la típica chica que se mueve en autobús. Las miradas, el roce… Pareció realmente muy incómoda durante todo el trayecto. Sin embargo, no pudo evitar pasarse por aquella parada de autobús todos los días, por si la encontraba: ¿Qué le diría? ¿Cómo la miraría? ¿Podría, al menos, rozarla?

Ella se convirtió en la dulce obsesión que le alegraba las mañanas en la peluquería. Y un día, la vida es la vida, Ella entró. “¿Me pueden lavar y peinar?”. Y sí, claro, cómo no.

Mientras observaba sin perderse un detalle, cómo Ella se acercaba, elegante y sinuosa, hasta el lavabo y colocaba allí su cabeza, no dejaba de temblar. Cogió con las manos la larga melena de Ella y la untó de agua templada, recorriéndola cabello a cabello, trazo a trazo. Desde que la vio por primera vez, sintió que Ella desprendía algo de su cabeza. Fluía por ella algo que brillaba y quemaba. Quizá influía el hecho de que Ella fuera rubia, sin embargo era una energía que iba mucho más allá. Sentía que cuando sus dedos traspasaban los cabellos de Ella, del chasquido brotaban estrellas ardiendo. Se iban colocando una por una en el techo del local. La noche perfecta hecha sólo para Ella. “¿Me puedes hacer también uno de esos masajes en la cara y en la cabeza”? Y sí, claro, cómo no.

Al tocarla, sentía como metía sus dedos en una trituradora de placer. Sin duda era guapa, tenía los ojos como dos diamantes enormes de color miel. Las pestañas parecían retazos de noche bordada. Su piel, tostada, como pan de avena. Tenía algunas pecas por encima, que parecían semillas de vida apunto de brotar. Sin embargo sentía, al aplastar sus dedos contra Ella, que el cabello de Ella era lija para sus yemas, y su piel eran cuchillos en el alma. Pero con todo el dolor, con todo el silencio, prosiguió. Daba igual. Ya no había agua que rozara su piel y su pelo, sólo eran lágrimas. Ya no había champú, ni cremas, sólo roja sangre. Daba igual, Ella estaba cada vez más brillante, más dulce, más apetecible, más increíblemente distinta. Ella, se embellecía del néctar de placer ajeno.

“Adiós, buenas tardes. Muchas gracias” Y sí, claro, se marchó.

Lunes, 24 de Septiembre de 2007

qué regalar un mes con erre

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 2:53 pm

De regalo metería mis manos hasta lo más hondo de mis bolsillos. Desabrocharía todos mis botones. Y entre entrañas, agujas, sangre, sueños e hilo negro, te cosería al viento todos los versos. Todos los versos.

Si pudiera, te regalaría: un mapa, unas cartas, un tablero de ajedrez (con piezas infinitas). Te regalaría senderos, mar, hogueras, libros usados, zumos, secretos. Te regalaría noches de piano y luna llena. Lluvia suave, sol templado. Te regalaría un cuaderno en blanco, para que escribieras tu filosofía, o para que rozaras sus hojas de vez en cuando. Aunque no seas ni algo consciente de tu capacidad de rellenar los huecos de fuerza, de flexibilidad. De felicidad. Te juro que te regalaría un espejo, hecho con todos los pedazos de mis ojos. Tendría cuidado con las partes que dices que tiritan, las que lloran a veces sólo porque es su manera de sonreír. Lo colgaría en la pared de tu habitación, así verías reflejado qué es lo que existe sólo cuando tú estás.

Aún así no podría regalarte todo lo importante. Lo justo, lo prudente y placentero. La musculatura mental plenamente ejercitada, ni la bomba de diseño por corazón. El punto equidistante entre los cinco sentidos y el fin de los sentidos. Ni el menos común de los caminos comunes. Ni la dosis a ingerir cada mañana para mantenerse vivo. No podría, porque no puedo regalarte lo que dices, lo que haces… Todo eso de lo que ya eres dueño. Sólo puedo desear que abras tus ojos y tengas siempre en ellos la inmensidad del mundo. Y sentir siempre que en una parte diminuta del mosaico estaré yo. Sólo eres, amor, a quien quiero.

Jueves, 20 de Septiembre de 2007

Metáforas

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 2:09 pm

Después de metáforas tiernas. De maletas, playa, montaña, largos, húmedos, intensos, cortos, habitaciones con encanto, saliva, piscina, pelos. De probar, reír, esperar, llorar, volver, aliento, comida japonesa, coche sin aire acondicionado, vino, música, atardecer, manos, lenguas, brazos, amor, amar. Después de las metáforas, después de convertirse en dos adictos, (descerebrados, al parecer), les llegó como a todos los demás, la muerte el uno del otro.

Dos cadáveres supervivientes. Dos olvidos. Un gran silencio. Dos muertos en vida más. Salieron del lugar que todos buscan y del que nadie sabe indicar la dirección. Al que sólo uno se envía allí un día sin darse cuenta, y acaba adicto, enfermo y sí, descerebrado. Dulce muerte lenta es también la del sol. Salieron así, del tanque húmedo y oscuro en el que se encontraban. Y volvieron al lugar donde todo el resto del mundo está. Donde no hay metáforas tiernas: las flechas resultan un objeto molesto, las flores son para decorar, las señoras se tiñen el pelo de amarillo para tener luz y todos se estiran los pellejos. No hay mestizaje, sino ramas encima del suelo. No hay mezcla, sino alimentos transgénicos. Y no hay amor, porque no se hace. Sólo se folla. Y nadie se muere, no, nadie se muere cuando sale del tanque. Envejecen en una carcel amplia, hermosa. Siguen bombeando al compás de una vida sin metáforas, donde todos son listos, sanos y todo es verdad.

¿Dónde demonios estará el tanque? Si no es en él, prefiero tener una bomba por corazón. Y que reviente.

Domingo, 16 de Septiembre de 2007

Breves

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 7:28 pm

Seré (ereS)

Contigo
No focalices. Ni aquí ni allí
Date una mano, una hoja en blanco, un camino
O veinte
Sube a tus sueños
Llega a tus diferencias
Llega a tus distancias
Déjate sentir
Como yo te siento
Arde.
Mejor mézclate en el fuego
No te disfraces de humano
O sí
Pero sigue loco
Por vivir
Por salvarte
Por compartirte
De ojos blandos y manos duras.
Por razones poéticas y políticas
Levántese y
Lleve el etilo de vida que decida llevar
Tu corazón seguirá latiendo
Más allá del último aliento
Más allá de allí o aquí
Lo importante permanece
Distingue la piel de la estética
La suma de las partes
del todo.
Exige creatividad
Amor por la vida
Ser flexible, incluso al viento
Y saltar hacia ti
Contigo
Eres (serÉ)

Viernes, 14 de Septiembre de 2007

Mi bicho repulsivo & Yo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 4:49 pm

Siempre que me choco contra algún maniquí de hielo, me sale un bicho negro de la boca. No es un bichito de pequeñas dimensiones. Es un bicho como un puño, negro y asqueroso. Con patitas puntiagudas, finas, y dos largas antenas. En la punta de cada antena lleva escrito en rojo brillante LO - VE. Mi bicho es un bicho repulsivo, pero muy beat. Tiene una perilla verde fosforita que le llega al suelo, y unos ojos azules de expresión parecida a la de Cañizares (el portero del Valencia, sí). Se pueden imaginar.

Me encanta mi bicho repulsivo, porque cuando me topo con algún ser hueco, se abre paso entre mis labios y usa mi lengua a modo de plataforma de “Lluvia de Estrellas”. Sale en posturita fiebre del sábado noche, le guiña los ojos al cabeza melón en cuestión, y vuela lentamente hasta su cara. Una vez allí, se posa suave en sus narices, y cuando el ser metalizado está gritando como un melón poseído, aprovecha para meterse en su boca. Les pringa de su jugo fosforescente y les recorre el cuerpo bailando una danza árabe, hasta que les deja paralizados y con cara de gilipollas (más). Se mueren completamente del asco cuando mi bichito les deja una flor en el centro del culo.

Luego se enjuaga en cualquier charquito cantando el We will rock you y vuelve conmigo y con mis “nunca me conformo con nada”. Pues no, claro que no. Somos así de asquerosos.

Jueves, 13 de Septiembre de 2007

Lo eterno de lo sencillo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 3:02 pm

Miro mi copa, un vino tan fresco, tan rojo, tan suave. Sí, medio llena. Da igual. Miro mi mesa, tan noble, redonda, antigua. Sí, brillante. Da igual. Rozo mis piernas, una contra otra, hoy tan suaves, morenas, firmes. Sí, llenas de energía. Da igual. Y esas uvas, aún vestidas con las gotas de agua fresca, tan jugosas. El sol, que acaricia sin quemar. La brisa, que hace suspirar a las cortinas versos de amor. El camino verde, la ventana abierta, la luz encendida, la mirada amiga. Da igual. Hoy da igual.

Mi hoja en blanco me da asco. Hoy desborda los contornos de mi mente y de mi espíritu, amar. Querer amar. Hoy tengo ganas de vomitarme en serio. Sin atraparme entre mis frases y volver al folio liso depurado. La eternidad que posee todo lo sencillo, me abruma. Soy un poco impersonal. Sí, supongo que temo a los vacíos provocados por soledad. Pero es auténtico odio lo que tengo por la soledad escogida a base de miedos. Un día mis ojos brillan con todo esto y al siguiente, se hastían. Huyen mirarlo de frente. Pero de verdad, creo que no se trata de la volubilidad, espero que no se trate de miedo. No lo sé, pienso que es la necesidad de mirarlo todo. Tocarlo todo. Caminar sobre todo. Quizá sí sea miedo.

Le quiero tanto que hoy si miro el cielo dulce, tengo ganas de vomitar. Tengo ganas de arrancarme los post-it que llevo colgados con alfileres por todo el pecho. De agarrarle, ponerme el gorro de mosquetero que un día me compré y jamás me puse. Y arañarle en la espalda dejando constancia de todo en un acto sublime amor. Hoy pienso que admiro un poco al Tomas inventado por Milan Kundera. Ah, mejor apago la luz corriendo, mi meñique se choca contra la pata de la cama y me tapo hasta arriba cagándome en Dios. Joder, sí, creo que soy una acojonada. Que ama.

Lunes, 10 de Septiembre de 2007

Onda 1,7

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:52 pm

Si espera de mí una respuesta concreta, que espere. Yo voy suave. De acuerdo en que sé lo que me provoca una sonrisa. Y en que sé también lo que me pone triste. Pero si veo un chupachups, lo cojo y a veces me lo como aprovechándolo hasta el final. Y otras veces, me gusta más ver cómo los caramelos adquieren un aspecto feo cuando andan tirados por cualquier acera. La gente los mira con cada cara de desprecio…

Todo lo que hago es tratar de transportarme en la misma onda que el viento, no en cualquiera, sino en la que arrastra las olas dulces. Longitud de 1,7 cm, creo. Ni cresta ni valle. A veces mi espíritu adelgaza sin control, demasiadas palmaditas en la espalda me hacen tan ligera, que me elevo hasta casi desaparecer. Es entonces cuando trato de comerme alguno de mis versos más tristes, de manera que vuelvo a mi peso. No me quiero desorientar, pero mis venas otras veces engordan. Se llenan de letras gruesas y pesadas, rellenas de dolor. Letras como odio, cerrar o miedo. Noto que obstruyen mi sangre, que no fluyo, que peso y peso y peso. Hacia abajo, claro. Entonces procuro recordar a los musos y a las musas. Que aún se encuentran aunque ya no estén tan de moda, y por suerte siempre me rondan más o menos cerca.

Es importante también vaciarse de vez en cuando los bolsillos. A pesar de lo absurdo, los objetos menos queridos suelen ser los que más peso tienen. También se debe atender a lo hermoso de la libertad. De abrir los brazos, las piernas, los dedos de las manos y de los pies y sentir toda tu energía, cómo sale y cómo entra. Los destellos de luz sobre tu piel, y también la lluvia. No hay que olvidar atender a los susurros que vienen con el aire. Algunos son maravillosos, otros son tremendas mentiras, como ese que dice “cualquier día…” Otras veces llegan gritos que no son ondas normales de parte de algún desequilibrado, son conciencias sublevadas. Estos hay que procurar atenderlos siempre. Y hay que acariciarse, gustarse y de vez en cuando pegarse un buen pellizco, o un hostión.

Hoy le voy a regalar mi piedra de la energía, es uno de esos objetos que sientes muy necesarios y de los que hay que saberse, también, quitar. Aún me pregunto la manera de despertarme yo de todo esto, con la cantidad de días seguidos que llevo los ojos abiertos…

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