Lunes, 23 de Julio de 2007

En la Campus

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:52 pm

Damas y Caballeros. Me tomo un pequeño descanso que durará desde hoy hasta el próximo lunes para visitar y flipar con la mejor compañía, (PixelyDixel , Ícaro, CarolyJuan), de la friki CampusParty’07.

¡Disfruten de la semana, yo lo haré!

Jueves, 19 de Julio de 2007

Malagueña salerosa

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 10:26 am

Casi todos los relámpagos que conozco resultan ser rubios. También resultan ser de ojos de raíz intensa, negra y brillante muralla redonda protegiendo el relleno, que es materia de luz y vida. Este relámpago en concreto, además de sus ojos, su pelo y su piel que desprende calor, tiene la cabeza más sexy que he conocido en muchos años. Huele siempre a brisa fresca, de mar, claro. Es fuerte, sí, no se lo negaré, pero es extremadamente suave. Si la miras, parece que mirases tumbado en el asfalto hacia la nada, en un día de extremo calor. Desprende ese aura enigmática de poderoso calor que no te deja mirar hacia otro lado.

Ella dice que tiene mala leche, no obstante, la tiene. Lo que no sé si sabe es que también tiene una sonrisa que mueve el mundo. Los motivos por los que sus labios se afilan hacia arriba, su piercing se eleva y su hermosa fila de dientes se asoma tras una carcajada, son inmensamente atractivos. Y me atrevería a decir que por desgracia, originales y casi únicos. Los motivos por los que a ella le brillan los ojos y se le enciende la piel, son el quejío de un buen gitano, pasear por La Latina, ver a su padre tirar un huevo y a su madre sonreír. También son cambiar el mundo y todo lo que está tan jodidamente mal hecho. Por eso tiene mala leche. Y por eso no para. Y por eso sonríe tantas veces. Porque si no hubiera personas como ella, que no se quedan en un “quiero cambiar el mundo”, sino que van y lo cambian, luego las personas como yo no tendríamos de quién aprender.

Cuando la leí y aún no la conocía, me dio miedo. Jamás hubiera pensado que se me encendería tanto el pecho por dentro al recordarla. Es difícil describir todo lo que te puede llenar alguien como ella. Sólo sé que desde que la conozco me siento mejor todos los días, porque sin darse cuenta ha cogido con el pulgar y el índice mis párpados y me ha dado otra visión de lo que yo andaba media vida viendo a medias. Y eso es algo que jamás sabré bien cómo agradecerle. No es fácil rozarle a alguien los ojos, y mucho menos el alma.

Así que, gracias Rozío. Gracias. Gracias.Gracias.

Miércoles, 18 de Julio de 2007

Sort

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 5:15 pm

Qué suerte tener al pequeño tan cerca, qué suerte tener flores a estas alturas, qué suerte la luna nueva con este cielo, qué suerte ponerte morenita con un rayo de sol, qué suerte la cerveza gratis en el bar de siempre, qué suerte escuchar la voz de mi abuela, qué suerte besarle, qué suerte Blanquita ha vuelto, qué suerte acertar con el mejicano en el que cenamos, qué suerte el café nunca me altera, qué suerte el pelo te crece muy rápido, qué suerte tienes los pies grandes y sólo nos queda un 40, qué suerte Carol en la Campus, qué suerte mi hermana me trae bocadillos del Rodilla, qué suerte Míguel me ha llamado y ha agotado su saldo, qué suerte Jonan me trae una sorpresa, qué suerte el francés me pone besos por Internet, qué suerte hoy soñé que me decía lo que me quería, qué suerte la del herbolario me dice que soy linda, qué suerte hoy parece que refresca, qué suerte me comí el mejor melocotón, qué suerte mi madre me ha hecho una cartera nueva, qué suerte mi padre me acompaña al médico, qué suerte ni el chocolate ni el pan me engordan, qué suerte Rocío y Jorge y Esme van teniendo lo que se merecen, qué suerte un capítulo nuevo de Malcolm, qué suerte que los dientes mal colocados le hacen gracia, qué suerte una foto que ya no recordaba.

Qué suerte. Pues sí, qué jodida y maravillosa suerte.

Martes, 17 de Julio de 2007

Me encanta

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:58 pm

Me encanta esto de llevar el tipo de vida que una decide llevar. Hace algún tiempo me di cuenta de que el aburrimiento y el hastío son las herencias prematuras de esta cultura basura que nos acecha. Sonreír y luchar por lo que quieres es infinitamente bueno. Tener miedos y asustarse también: eso es signo de que algo se mueve por dentro. Lo malo es cuando te da igual levantarte del sillón, o cuando coges una mano por cogerla. Pese a todo, me falta disciplina, lo sé. En todo. Pero me siento tan atraída por lo que me resulta familiar y por lo extraño, que es imposible mantener un punto fijo. Sólo me pasa a veces, pero me encanta.

Mi cuerpo es pequeño, y es flotante. Se suspende y se mueve, suave, y no puedo escapar de él. Son mi carnecita y mis huesos los que me hacen ser yo. Cuando lo lames y besas y chupas y mueves siento que mi vida tiene un 75% más de vida. Cuando me escondo entre los huecos de tu cuerpo y me acurruco y bebo de su agua. Cuando me cuelgo de tus huesos y tú ni me ves, mientras caminas, también, también siento un 75% más de vida. Me pasa con otras cosas, como cuando escucho una canción en directo, cuando es de noche en un parque, o cuando mi hermana me toca el pelo.

Por alguna razón me encanta rodearme de gente muy mayor y de niños muy chiquititos. A los primeros me gusta escucharlos desde fuera, porque si hablan conmigo cambian el tono, el modo y el tema. Me gusta oír sus conversaciones en pareja o grupos de hasta 4 (si hay más de 4 se hace el silencio y ninguno habla. Sólo se pasan el rato sentados en aquel banco, mirando todos hacia el frente). Usan palabras y expresiones increíbles. Para hablar de la blusa que se compró su nuera ayer, utilizan 4 ó 5 palabras que me resultan incomprensibles. Aprendo mucho vocabulario. Hablando de las obras de la calle de enfrente, más de lo mismo. También se mean de risa cuando hablan de los días que les quedan por vivir, de lo chunga que tienen la cadera y la rodilla y de la muerte tan absurda que tuvo el Faustino (con una galleta, jajajajaja, anda que…. Era cortito hasta para eso) La blusa o los cimientos se convierten en un personaje más de sus vidas de los que hablan con tanto cariño y ternura que a veces me dan ganas de llorar. Con los pequeñitos me encanta mezclarme, porque les da igual que tú estés allí, para ellos no existes. Están tan ocupados tomándose la vida en serio, que te llenas de risa oyéndolos jugar. Juegan a que ella es veterinaria y él es piloto de fórmula uno. Él, por lo visto, ha tenido un día duro, el coche se quedó si gasolina pero aún así ganó. Ella curó a un gatito. Tienen una hija Barbie que está malita. Los dos lo pasan mal. Le preparan una medicina de arena, polvitos y agua. Están tan disgustados por el tema que no puedo evitar morirme de risa.

Yo sigo pensando que existen los dioses. Y que, de vez en cuando tengo suerte, y me cogen de la mano. Me encanta. La vida.

Jueves, 12 de Julio de 2007

Sueños en venta

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:31 pm

Recuerdo que aquellos años las cosas bonitas tenían nombres feos, y las cosas feas eran lo más maravilloso del mundo. Recuerdo su piel casi negra, su pelo casi negro, su vida casi negra. Sus tatuajes. Negros. También recuerdo mezclarnos, mestizarnos, hacernos papilla multicolor. Su olor, que era casi café, casi hierba. Sus pupilas, que eran noche de verano abierta con un par de estrellas colgando. Su risa, que te abrazaba. Su sabor, el sonido del aire de su boca. Eso quizá era lo mejor.

Me acuerdo de que por aquellos días me encantaba ver cómo fracasaban los árboles en otoño. Me podía pasar horas mirando al arbolito de la habitación, esperando a verlo crecer. Me daba igual saber que hay árboles que nunca crecen, me daba igual saber que en otoño se quedaría sólo y desnudo. Me daba igual todo lo trascendental. Quería ser la amante que se tira por la ventana en la escena final. La que se suicida con cicuta por un amor enrevesado. La chica del amor libre y desenfrenado. La tía que escupe en la acera porque todo le da igual. Por entonces mentí cuando tuve que haber dicho la verdad y dije la verdad cuando mentí. Mi estado de ánimo pasaba de sentirme mal, a preguntarme qué hacía yo allí. Quería quererlo pero no lo quería. Entendí que lo que debía gustarme era que todo eran secretos, que había algo de malo, y que yo hacía que le amaba sólo porque no entendía que alguien no lo pudiera amar. También deseaba saber que se sentía al ser amada por alguien como él. Alguna vez le quise. Creo que él también alguna vez me quiso. En realidad nadie salió herido por las balas del otro. Pero fue un experimento, que si en principio parecía una vivisección abierta en canal, con los meses sirvió para saber que nadie te puede vender un sueño. Ni tú mismo, aunque te hubiera parecido que lo habías soñado alguna vez. Nadie puede decirte cuál es el mayor de los sentimientos, ni qué es la felicidad. Aunque de pronto tu vida parezca una película de ciencia-ficción

Siempre hay con lo que hacer chispas y escarcha en la piel. Siempre hay hojas en las que pintar el alma con un pilot. Fui tan en contra de mí, tantos días, que en ese tiempo me dejé el corazón y los sueños muy atrás. Salí corriendo tras el huracán, pensando que era él lo que me haría bombear, suspirar, quemar, doler, sangrar, amar. Y cuando me di cuenta tenía todo muy atrás. Tuve un tiempo de miedo. Miedo porque regresaba vacía. Miedo por no saber si volvería a diferenciar mis sueños de lo superficial. La piel de la estética. Mis sueños son la playa, escuchar la brisa, el mar, el oleaje. Un minutero al compás de otras manillas, adorando ese vaivén cada uno a su ritmo, con un agradable entendimiento. Sin dar cuenta del tiempo. Ver en cada estrella una ventana. Emitir colores. Que alguien diga, “saltar hacia ti, contigo” y yo afirmar la sentencia. Ablandar el horizonte con pensamientos largos, con caminos de arena y caminantes que huelen a piel, y a boca sedienta de más saliva, y del azul del tejado. Saber que es poesía lo que permanece entre mis músculos, y choca y duele cada vez que abrazo, que arrastro o que miro al cielo.

El experimento de aquel tiempo concluyó en que yo soy yo, llena de convicciones, y por tanto llena de humanidad. Y que no puedo dar un paso, ni si quiera ante el sueño mejor vendido del mundo, prescindiendo de ello.

Sábado, 7 de Julio de 2007

Rojo caldoso

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 6:54 pm

Me propone ser Thelma y Louise. A ninguno nos gustan las gafas de sol grandes, perdemos perspectiva, y sin embargo nos vamos al sur. Viajamos hasta una playa en una noche caldosa. Tenemos cerveza fría, tiempo y humo. Es tan fácil sonreírle al olor de tu mechero. Tenemos un mundo por arreglar y algunos botones por desabrochar. Yo aún noto algo de frío, parece mentira que nos hayamos desplazado 1000 km. hacia abajo. Le pones solución con un beso a un palmo del sur de mi ombligo. Por un momento, después de llegar hasta aquí, hubiera deseado que tuviéramos 10 años más, un perro durmiendo a nuestro lado, y un bebé en camino ¡Qué susto!, menos mal que no me oyes pensar. Me hablas de cosas que no sé. Hay tanto que no sé. No me hablas de ti, menos mal, no me gustaría tener que quererte. Me conformo con imaginarte, y ver cómo te reflejas. Soy de las que nunca soñó con ser astronauta y alcanzar la Luna. Prefiero adorar su reflejo en el mar cuando está llena, noches como hoy. Voy corriendo al agua, a besarla. Si la noche está caliente, el mar está flamante. Y su reflejo de perfección inalcanzable, de explosión encantadora de sueño irrealizable, bailando conmigo.¡Qué les den a los astronautas! La abrazo, y cuando estoy apunto de besarla, veo mi reflejo. Da igual, hoy me gusto tanto que me beso a mí. Con los dos ojos bien cerrados eso sí, no sea que me pille con ellos abiertos, que eso significaría que no siento lo mismo por mí.

En realidad cuando me he besado he pensado en ti. Dices que te gustaría mandar un mensaje al otro lado, en una flecha. Cuando pones un beso en mis hombros, por detrás, mi espalda se torna convexa hacia el mar. Ya tienes el arco. Ahora dispara, desde ahí, las palabras que tú quieras. Prometo ponerme tensa.

Imagino que la flecha estará llegando al destino deseado, mientras el agua nos tapa con su enorme manta y la fina arena nos sirve de colchón. En un motel como éste una debería de fijarse en los techos, plagados de astros que tiritan. Pero esta noche ni me fijé. Pedir deseos a tu lado resultaría peligroso, se podrían cumplir… Y yo he venido hasta aquí para disfrutar.

Tu boca está hecha para dibujarle cualquier tipo de beso. Soy una cobarde, y cuando me lanzo a probar con uno pequeño, de nuevo mi reflejo. Noto el relámpago desde mi vértebra número 30 hasta la boca de mi estómago. La flecha ha llegado a su destino. Ha acabado conmigo, me ha matado. La arranco, y antes de desangrarme, antes de derramar toda mi estúpida hipersensibilidad, antes de teñir aquel mar de simple dolor y pasión, puedo leer “Me encantas porque no debo. Igual que deseo que el mar sea rojo aquí también”.

Este texto es un guiño para un francés que me envía besos por internet

Viernes, 6 de Julio de 2007

Duermevela no me descansa

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 1:22 am

Hace tiempo que escucho un ruido antes de entrar a soñar. Hace tiempo que, justo antes de entrar en la fase REM, la misma frase me aturde. He leído que los sueños son bucles de actividad cerebral que se repiten noche tras noche, y que se repiten en cada persona. Lo que indica que cada sujeto tiene una forma única e irrepetible de soñar. También sabemos, unos más que otros, que soñar es una actividad mental completamente involuntaria, y la mayoría de las veces, placentera.

Cuando sueñas tus mismos ojos vuelan a un pueblo en blanco y negro. Aunque algunas veces he soñado que estaba dentro de un videojuego, y todos éramos de dos dimensiones color RGB. Una vez soñé que una mujer enana le mordía la pierna a mi madre y se quedaba enganchada a ella para siempre. También he soñado que mi hermano Dixel se hacía frutero, porque estaba hasta los cojones de las teclas. Que a mi hermano Cricri le mandaban a una sucursal hecha para niños pequeños, en donde el dinero eran fichas rojas y verdes, él se sentaba en un taburete rosa con una mesita redonda a juego, y sus gafas se volvían de plastilina. No llevaba corbata, sino pajarita con luces doradas. Era un horror, como lo de ahora. Además he soñado que yo misma mataba a Michael Jackson. Tres veces. Una vez a patadas, otra con un bote de pintura y otra pillándole con una puerta de garaje. Caput. ¡Pobre pseudoser! Juro que no le tengo desprecio alguno, pero es que en las tres ocasiones el tio iba persiguiendo a mi hermanita, vete tú a saber para qué. También he soñado que Brad Pitt tenía acento de Alcorcón, era mi amigo y yo la única mujer en millas a la redonda. Aún así pasaba de mí. Que Punset me escribía una carta y yo lloraba de la emoción. Me he tomado un café con Woody Allen, en inglés. Y he regresado a mis 7 años para coger lombrices de entre el musgo de una fuente. Un día soñé que estaba apunto de morirme, mi padre me decía que aquello era una soberana gilipollez, y ya no me moría. Recuerdo también cuando yo era de chicle, rosa, flexible y pegajosa. A la gente le producía asco, pero a mí me molaba quetecagas.

Lo cierto es que en los sueños siempre vuelas, respiras dentro del agua, acabas con todos los monstruos, das saltos kilométricos y pegas unos puñetazos que ni Hulk Hogan. Lo cierto es que en los sueños, miras lo que no se mira y ves lo que no se ve. Y sigo siendo de flacas carnes y gordos enrevesamientos que se atoran por algún lado del cerebro. Pero además, me convierto en una Superheroína, que aunque también pierda, se lo sigue pasando bien.

Por eso me molesta, tanto, ese ruido ensordecedor que no me deja adormecer. La misma frase, siempre, la misma voz vestida de gris, de ritmos grises y mirada gris: Deja ya de soñar. Deja ya de soñar. Deja ya de soñar. Justo antes de la fase REM.

Miércoles, 4 de Julio de 2007

Raíces

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:21 pm

Algunas veces los días se te hacen grandes. El sol resulta demasiado ardiente para tus pupilas, el calor, te aplasta contra el suelo. Cualquier palabra te deja el alma caer por los agujeros de los bolsillos. De la parte más baja de mis pies, días como hoy nacen 3 raíces. Son gruesas, secas y pesadas. Llenas de moho y pequeñas bacterias. Ni si quiera tienen el don de oler a podrido. No sirven para nada, no son para nada, y no te dejan caminar en paz. Obligan a parar tu camino en cualquier rincón de mala muerte en donde se intuya algo de humedad. Es jodido encontrar humedad en pleno mes de julio madrileño. Procuro ponerme debajo de los balcones de alguna casa antigua. Allí siempre queda alguna señora dispuesta a entonar una buena melodía de amor. Me riego de las gotas venidas de sus regaderas, y de las lágrimas vertidas por unos ojos arrugados, llenos de usos y costumbres y deseos de pasión. Ellas van creciendo. Y a pesar de eso, a las raíces no les basta con encontrar humedad momentánea, quieren plantarse. Pero yo ya me conozco la táctica… Siempre es igual. Te entierran los pies y la semilla se termina convirtiendo en árbol. Y fin. Por ahí no paso. Aunque hoy el sol pese, aunque cada mañana siga TEniendo que cruzar esa esQUIna tERminada en miedO.

En la universidad me formaron académicamente. No me hablaron de cómo esquivar la esquina de miedo. Ni de como luchar contra las raíces que te salen de los pies, y que sólo buscan la eliminación de todo misterio. En definitiva, no te cuentan como asesinar a esas pequeñas homicidas de libertad que, si tienen el día bueno, te dejan la opción de elegir entre un parque pequeño o uno algo más grande donde poder enterrarte. Yo siempre he sabido cómo acabar con ellas, no sé porqué hoy no… Me quedo en el banco pensando, que quizá con unos zapatos negros y grandes no se me notarían tanto. Y que aquella niña del traje azul dejaría de reírse de mí.

Ahora es cuando vienes tú, y con un par de frases lapidarias, las acojonas y se van. A pesar de no llamarte. Y ahora es cuando yo, me avergüenzo de ser yo. De mi apatía. De mis dudas. Y no encuentro otra forma de darte las gracias que abrirme el pecho ante ti. Aunque a veces te perciba apoyado en aquella esquina, y me cueste tanto darme a alguien que se dice de vuelta de todo. Eso de amar es de puro valiente, o de quien todo le da igual ya. Y como dijo el poeta, yo soy cobarde. Sufro y sueño. Pero, déjame hoy, abrirme el pecho. Aunque ni lo mires porque me pienses demasiado dramática y trascendental. Aunque no lo sientas como yo lo siento. Aunque aún salga alguna raíz más y no la sepa cortar.

Martes, 3 de Julio de 2007

Pequeñas anotaciones sobre el superhombre

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:36 pm

Nunca sé quién es el petitsuisse.

(Cuando te pide levantando sus brazos que le cojas, lo desea de verdad. Te desea de verdad.) Es el ser más pasional que conozco. (Si quiere probar el sabor de las hormigas, se las come sin ninguna contemplación. Si quiere hacerse caca, lo hace, mirándote a los ojos mientras te sonríe. Si necesita reírse hasta llorar, no tiene reparo alguno) No se piensa regido por ninguna ley, cree en su yo personal y en la verdadera libertad individual que esto supone.(Cuando se baña en la piscina, le brillan los ojos y aplaude. Cuando le quieres dormir, berrea hasta que se va al limbo por puro agotamiento) Él no pesa, no lleva mochila alguna y no sabe lo que es mirar atrás. Ama la vida por encima de todo.

(Si le quita las pilas al perrito ladrador, sabe que dejará de ladrar. Cuando se hace una heridita llora hasta que le das un beso. También te da un beso si te ve llorar) Él sabe que no somos máquinas, que nuestro cuerpo con un corazón de cerdo no funciona y que tu dolor de barriga puede deberse a que estás triste. (Cuando arrancó la flor de aquel jardín, y trató de ponerla después en otro pedazo de tierra igual, supo que aquello no revivía) Él sabe que el mundo se conoce a través de la experiencia y no del experimento, que es un conjunto de fuerzas y que la suma de las partes no nos explica el todo. (Si te da un abrazo te parte en mil pedazos. Sabe decir patata y tata, pero no sabe decir “quiero”, ni su propio nombre) En definitiva, las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer y he ahí la importancia de que existan los seres tan bellos como él.

Ya está aquí

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 2:44 pm

Ya llegó. Un corazón inexorable y un camino lleno de palpitaciones, así es. Mi hermana, mi chica Rock’nRoll, mi chica Burton, mi chica camuflada tras otras muchas palabras aquí vertidas… Mi niña, mi chiquitina. Joder, la que me convierte en la tia más cursi del planeta. La buena de mi casa, la rubia más rubia, la de los ojos más grandes y azules, tiene por fin un blog. ¡Y qué blog! Os ha quedado precioso, amados PixelyDixel

Leerla es un favor a los ojos y a la mente. Aunque parezca una señorita de treinta años, sólo tiene diecisiete. La niña asusta, y ya está aquí:

LaBuenaDeLaPelicula

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