Lunes, 25 de Junio de 2007

Sueños fugados del fuego

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:58 am

En la noche de San Juan, una multitud de cuerpos extraños se une para escribir en un papel un deseo. Los anhelos con los que hemos ido cargando durante todo el año, arden y fluyen con el humo. Nos dejan el alma, por un instante, a dieta de lenguas, tentación y pasiones. Con los pies más en el suelo que nunca, con un sentido de la gravedad capaz de aplastar a cualquier buitre hasta su cadáver. Miramos hacia arriba y exhalamos lo más profundo de los sueños de unos y de otros. Y al final, poco a poco nos vamos separando de aquel moribundo suelo. Esa noche, que por un momento parece carente de encanto, se convierte en una orgía increíble de calor y vida humanos.

Mi deseo de hoy, es de ansia fácil. Es suave y crujiente. Quizá de mucho peso para un ser diminuto como yo, una auténtica “creo que no, pero quiero que siempre”. Mi deseo esta noche es un espectro infinito que proyecte luz y sombra en mis sueños. Y que en silencio fecunde, enredando a mi imaginación, un nosotros en el que yo siempre sea virgen. En el que yo siempre acabe temblando. No sé si de miedo. Nunca sé. Y nunca querré saber. Mi deseo esta noche, es de obligada observación. Un estimulante para la imaginación. Una muerte segura en su pecho, en su espalda y en su forma de hablar. En sus manos, en sus brazos y en su forma de pensar. La coartada perfecta para sonreír. Perfecto, a mis ojos. No sé a los de Danone. Mi deseo esta noche, es una fiera febril, de fuego. Y ojala que no sea fugaz. Mi deseo esta noche es la firma de un mismo tipo todas las noches, en mi vientre, y en mi sexo.

Es fácil. Ya está ardiendo en la hoguera. Lo difícil será dejar de quererlo.

Domingo, 17 de Junio de 2007

Mira, una divina.

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:10 pm

Que yo sea mayor que ella y algo más alta, aún me resulta increíble. Siempre me he sentido mucho más pequeña, de tamaño y de edad. Inmadura. Aprendiz. Boquiabierta. Ella siempre me ha dado lecciones importantes, primero sobre cómo hacerse el nudo de las zapatillas, y sobre cómo caminar con tacones, después. La verdad es que nunca aprendí ninguna de esas grandes lecciones, he sido una alumna torpe en asignaturas importantes desde los 14 años. Eso no quita que ella haya sido y sea una especie de gurú en mi vida, desde que la conozco (que viene siendo casi desde que empecé a saber recordar).

Tiene piercings, no se hace tatuajes porque siempre termina gastándose el dinero en ropa cara. Viste muy femenina y huele a perfume de tía que te da mil vueltas. Siempre va maquillada. Bien maquillada. Y lleva el corte de pelo que más le favorece. Se sabía depilar las cejas como una femme fatale desde los 13. A los 14 ya se hacía sola la cera en las piernas. También, por supuesto, a esa edad había dejado ya de ser virgen. No le dolió. A los 16 escribía ya como una auténtica diosa. Y lo peor, teniendo cosas que decir. Conseguía estar a los 17, en todas las fiestas, y en todas las manifestaciones en las que se pretendía conseguir algo mejor. Ha sufrido por amor, pero nunca ha dejado de saber aprovecharlo todo, incluso la tristeza. Tiene una piel de esas que desprende calor, aunque en invierno se quede tan blanquita. De sus manos he visto salir las caricias más honestas y las hostias más increíbles. No para quieta nunca jamás. Lee mucho, sonríe mucho y mueve los ojos como Audrey Hepburn, aunque es mucho más mujer que ella. A mí siempre que me ve, me coge de la cintura y se despelota de risa, después me dice “Eres una muñequita, como alguien te haga daño tendrá una muerte lenta”. Lo que más me jode es que hubo un momento en que ella y yo éramos iguales. Hasta hicimos el pacto de sangre ese que se puso de moda después de la peli “Mi chica”. Y de pronto un día ella se hizo mujer, y yo me quedé en nena. En todo. Miento, me saqué el carnet de conducir antes que ella. Pero yo no tenía un novio listo, mayor, con coche, corpulento y erótico. De pequeña yo era más de juntarme con los que coleccionaban cromos, pero me fijaba en los despechugados de las pistas de fútbol. Ahora me pasa un poco igual, pero en vez de despechugados gritones, son tatuados, capullos y moteros (todo en uno). Les deseo de reojo, pero si me cruzo con alguno, le trato como si fuera subnormal.

La cuestión es que, ella me parece tan genial, que siempre llega un día en que la acabo alcanzando en todo lo que hace. Aunque sólo sea durante ese mismo día. Un día, un par de meses más tarde que ella, hago el nudo de la zapatilla de conejito. Un día, 5 años más tarde que ella, me pongo tacones y muevo el culo. Un día, me consigo depilar las cejas como las tías de la tele. Un día sufro por amor y, 3 años más tarde, logro aprovechar esa tristeza… Y ella, en todo momento está ahí para decirme “¿Ves muñequita?”, y consigue que me ponga tan feliz. Me quiere mucho. Me quiere de corazón. Como una hermana. Pero ahora dice que se va a un país de mucho frío. A experimentar.

Estoy segura de que dentro de un tiempo te alcanzaré. Llegaré hasta ese país helado para ver qué se siente. Y tú estarás allí para esperarme y reírte de mi ropa de colores y de mi manera de hablar. Mientras tanto, te echaré de menos, creceré y quizá le toque el tatuaje a algún motero. Divina.

Jueves, 14 de Junio de 2007

Cuentos recordatorios

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:27 am

“Basura, ya te gustaría ser basura”, le dijo el el padre viento a su pequeña hija la brisa. Sólo eres un pedazo de nada, que en pie o bajo tierra no dejará de ser nada. No pienses, no sientas, no actues, solo sopla en la cara de la gente. Pero ella escapó rápido de allí, y en sus viajes se encontró cada noche con la Luna. La quería tanto que cada mañana la llevaba hasta la mirada de alguna niña de mirada sorda, de esas que ni escucha ni habla, y allí durante el día la enterraba. Las niñas se transformaban en unos ojos inquietos que veían todas las cosas del mundo. La brisa hacía todo esto, porque siempre tuvo miedo a que la Luna se cansara de alguien que no era nada. Lo que no sabía, era que la Luna vivía los día en los ojos de las niñas, sólo para enseñarlas a mirar, y a sentir la suave brisa rozando las pestañas. Porque la Luna no quería cosas, no quería más que lo que ya le fue dado. La Luna era feliz meciendo cada noche con su sonrisa creciente a la nada ausente.

A veces se me vienen a la cabeza pequeños cuentos. Entonces enciendo el teléfono movil y recuerdo que el número PIN también puede ser un símbolo de amor. Sin embargo la muerte nos mira y nos calibra para establecerse. Yo esta noche dependo tanto… ¿De qué pendo? De un hilo. De mis ideas. De mi fuero interno. Tengo suerte, es flexible y si el viento se ensaña conmigo quizás me enfade, pero nunca atenderé a su desgaste. Esta noche como tantas, escribo, pierdo el tiempo tecleando mensajes. Esta noche moldeo mis ilusiones, palpo el antes y lo embadurno, suave, con mis dedos de mañana. Esta noche sé que no con tratar de arramplar a la vida, ésta se llena de gracia. Que la felicidad está en sitios mucho más cercanos a la Tierra. Esta noche desearía que él llenara TODOS mis huecos. Esta noche pienso en ti. En aquella mirada sorda que tanto necesito. En como vas a por un vaso de agua mientras yo cojo aire, a sabiendas de que mis piernas estarán temblando aún durante unos minutos más. Me encanta lo que de ti, me viene dado. Me encanta recordarte. Y me encanta que me encante.

Creo que le adoro. Aunque a veces me asuste y corra tanto, tanto, tanto, que termine llegando al principio.

Martes, 12 de Junio de 2007

Y después de … Y siempre va después de… Y siempre

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 1:25 am

Hoy he vuelto con él al que fue su lugar durante mucho tiempo. Allí están las calles en donde él paseó durante tantos años, y en donde compartió tantas Mahou con sus pequeños habitantes.. Siempre nos hablaba de ellos, de todos y cada uno. Y sonreía tanto. Hoy he sentido que él paseaba por aquellos mismos sitios, menguado. Como la luna en eclipse de domingo… Era un espectáculo bonito, pero era al mismo tiempo triste. Es penoso que un millón de personas te miren sólo para ver como te escondes detrás del sol. Sé que hoy le ha dolido el alma, aunque no dejara de sonreirme. Yo también le he sonreido, pero sólo tenía ganas de esconderle, de taparle los ojos y cubrirle el corazón con una mano, y apretarle, y salir corriendo. Pero él ha caminado lento, muy lento, y ha mirado cada detalle, cada flor nueva, y le ha dado la mano a sus amigos, y se ha tomado un vermú a las 3 en el hueco del abuelo, y nos ha atendido aquel viejo camarero de toda la vida. Y me ha cogido la mano, y me ha sonreido. Y me ha eclipsado. Joder, no hay nadie como él.

Quería huir de allí con él. Quería poder verle, y poder respirar y sonreir, y mirar las flores nuevas. Nos hemos montado en el autobus. Y cuando estábamos huyendo, nos hemos topado con una fila de coches enorme, brillante, por donde serpenteaban los reflejos del sol. Y de pronto me he dado cuenta, sin saberlo, de que el cielo era en la ventana, desde la ventana, por la ventana. Y que hay manos y hay labios que no saben a nada, algunos que te matan de sed, otros que fabrican melodías enigmáticas, como las de las sirenas de Ulises. Y otros que sólo rasgan la dermis y se van, pero con ello destapan dolores que escondían mundos llenos de soberbias y altivez, y las dejan al aire. Y duele, pero es tu dolor, tu piel y tus miedos, y es a tí a quien tienes que mirar, son las calles de tus huesos y de tus pestañas las que tienes que recorrer lentamente, es a tu boca y a tu alma a quienes tienes que saludar, aunque aún duelan.

Me he dado la vuelta sintiendo que las heridas escocían más que nunca. Lo que escuece, cura. Por fin siento que los duelos, los enfrentamientos, no son malos. Y entonces le he mirado. Y he pensado que él era de esas caricias y esos besos que se quedan en la punta de los dedos un rato más después de verle, calentando las yemas, tiritando el alma. Y que es valiente, y es mi sangre, y que le quiero a rabiar. Y…

Viernes, 8 de Junio de 2007

Duelo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 5:05 pm

Anoche dejé una moneda dentro de un vaso de Coca-cola. Los odio a los dos, los odio. Buscaba una batalla sangrienta, un QUIEN destruiría a QUIEN. Un único ganador ante el que despojaría por fin, y para el resto de mi vida, todas y cada una de mis inseguridades.

Hoy por la mañana el vaso estaba vacío. Ni moneda ni Coca-cola. Sólo ella. Su (cada día más) deslumbrante cara, su perfecto orden y su maravillosa pulcritud.

¡Uf!

Martes, 5 de Junio de 2007

Su yo (de ella)

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:23 am

Su yo está lleno de venas de humo gris y pena negra. De placer, ambiciones y otros sustantivos adictivos. Una mezcla que bien valía un último intento. Sus uñas, por más que rascaran aquel suelo, no se llenaban de arena ni de raíces. El asfalto, aquella tarde, quemaba las plantas de sus pies hasta provocarle heridas. Una línea de puntos rojos, de plasma abierto, que formaban un empuje inflamable en cada uno de sus dedos y talones. Las heridas del cuerpo, sin duda, se le antojaban pequeñas al mirarse aquella brecha del alma. Pero lo más grave es que su yo (de ella), se desconocía completamente a si mismo.

Mientras terminaba de encenderse su mecha, recordó las veces que se había hecho un ovillo en esa silla, tapiando sus oídos, restándole horas de vida a la planta de su mesilla… Preguntándose cómo seguía verde y firme cada día. Pensó en la cantidad de aire que estuvo preso en su garganta, arañando sus entrañas por querer quedar en libertad. Y como al llegar a casa, cada día, aquel aire era ya pusilánime brisa que arrugaba las palabras que salieran de su boca. Estaba cansada de no ver su ficha jugar en el tablero, de tratar de sacar cincos para escapar de la casilla donde todos se amontonaban. Harta de que le pesara la camisa, de no notar el sudor frío por la piel de sus axilas, de no saber qué es el cambio climático desde aquella miserable ventana. De que le sonrieran las mismas palomas todos los días, de no mirar, no hablar y coger hojas en blanco a modo de suspiros. Sentía que estaba dejando pudrir sus pasos. Y no pudo más.

Después de todo aquello, cerró sus puños con violencia, y su yo (de ella) se atrevió y saltó. Atravesó aquella puerta, traspasó aquella muerte, se abrió camino. Los puntos de sangre de sus pies, se limpiaron, y sus plantas elaboraron recetas para buscar las piezas de un nuevo destino.

El sentido común llega cuando puede, pero éste llegó justo a tiempo. Su yo (de ella) logró salvarse y, por fin, se abrazó a si mismo.

Stats

Powered by WordPress