Jueves, 17 de Mayo de 2007

La noche colgada

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:47 pm

Me agota que lo trascendental me convierta en lo más pobre. Nací con unos bolsillos deshilados que, ya transparentes, han vertido gota a gota lo importante. Me agoto de levantarme a recoger lo que ya está caído, y me agota que se vuelva a caer y vaya perdiendo, cada vez más, su forma auténtica. Lo genuino… Ya ni si quiera puedo recordarlo. Sólo me acuerdo de que cuando tenía seis años con una bolsa de Sugus todo era distinto. Ya no encuentro esas bolsas por ningún lado.

Me entristece que las palabras pierdan su significado. Que se escapen de cada boca amada, de cada mano tocada y yo lleve años preparándome para entenderlas, para descifrar sus pasiones, sus virtudes y defectos… Para que cuando por fin lleguen a mí, entren por mis venas siendo ya vacías. Palabras pobres de sentimientos, flotantes, que me hacen más pobre por no valer nada.

Cada pequeño pedazo de tierra que puebla los pies de nuestras calles está pervertido del calor, de la pasión dulce y olorosa… De los rayos de luz que atraviesan y penetran cada pétalo de cada flor, en un único orgasmo que permanecerá toda la primavera en ellas. Rojos, morados, amarillos y verdes, sobre todo verdes. Como las aceitunas, o como el sabor de una piel tostada y suave que aún no termino de sentir demasiado cerca como para entender.

Hemos caminado juntos más de un kilómetro de línea escrita, y sin embargo sigo caminando sin mérito alguno, a trompicones. Sin el valor necesario como para saltar encima de él y de una vez por todas ver si es quien parece. Es increíble que podamos llevar a cabo pasos dirigidos por un sentimiento que nos viene de fuera y que, seguramente, sea irreal.

La vida es un hermoso derroche constante. Un grifo de líquido denso y maleable que de vez en cuando, y a elección del consumidor, se recoge en vasos. Éstos se convierten de forma inmediata en pequeños mundos llenos de ajetreo. Medio vacío, medio lleno. Son creados y recreados por ti. No es que vengan de la nada, es que se reproducen desde nuestro interior, absorbidos por nuestros deseos, combinados por nuestros restos, y convertidos al fin en alguien nuevo infundido de nuestro entusiasmo y espíritu. Transformado en alguien a quien ya sólo puedes amar.

El placer de pensar que se podrá conseguir realmente aquello que se desea, se convierte en sombras de sonrisa enferma esta noche. Una noche que es como cualquier otra, pero que ha llenado mi cama de ansiedad y agua turbia. De tristeza, mi tristeza que es de baja calidad. Monotemática y simple. Si él llega (y me llega), ella se va. Mi tristeza es absurda, es caprichosa, es banal, pero es triste.

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