31 de Enero de 2007 - Aire
La memoria de Enero
Es difícil obligarse a escribir todos los días. Es difícil y en mi opinión es incluso nocivo para la salud. Pero también resulta complicado tratar de huir de lo que uno es y lo que a uno le domina.
A veces, cada letra resulta más un regreso giratorio, una vuelta garabateada y en color a lo que uno sospecha que vivió. Un recuerdo teñido no sólo con un simple juicio si no también con una voluntad.
Evocarlo resulta la conciencia de lo contradictorio y escribirlo lleva a la inquietante fantasía de poner la contradicción en movimiento. De rozar tu mano contra la virginidad de una hoja que espera ser viciada con una historia. Efemérides que desean ser por fin algo con vida para salir de su (tu) ya naturaleza muerta, buscando un trozo más fresco, más nuevo. Retirando suavemente la cabeza de aquel lugar de la almohada en que uno reposa cuando en el que se soñaba ya se hunde y se calienta.
Creo que recordar debería resultarnos extraño siempre, debido a nuestra esencia. Sabiendo que tenemos los días terriblemente contados y que el futuro es sólo incertidumbre y miedos, una sólo nota, una pizca del paso del tiempo presente cuando la brisa fresca se acaricia suavemente entre mis dedos y aun así siempre se escapa.
Una vez conocí a un ex presidiario que pasó largos años de su vida encerrado en una pequeña celda. Me contó que allí no se pensaba en el futuro jamás, y aunque el presente era lo más claro y lo más cercano que uno iba teniendo cada día, las horas se dedicaban al recuerdo. Los sueños no eran lo que vendría, eran lo que ya fue.
Recordando disfrutamos. Reinventamos una y otra vez aquella imagen, aquellas palabras que en realidad nunca fueron más puras ni cercanas. Creamos historias porque recordar, efectivamente, se trata muchas veces de nuestros propios sueños, incluso de los que de otra forma no podemos tener. Es imposible, a pesar de la contrariedad, tratar de huir de aquellos viejos recuerdos que uno nunca sabe si en verdad lo son o lo fueron.
Con esto quiero decir que cuando escribo, evoco, invento, lo hago sin miedo. Resulta emocionante, más allá de intentar averiguar sobre qué querría una que pasara mañana. Y que gracias, gracias, a todas las personas que visitáis este lugar y no exigís ni os malhumoráis por mis idas y venidas a este lugar, lleno de historias.
1 de Marzo de 2007 Susy dice:
Cierto, muy cierto,
aunque no menos cierto, a mi ver, volcar en letras cosas que duelen y se tratan de no recordar.
Un beso.
20 de Febrero de 2007 Antonia Katz dice:
No sé cómo llegué hasta acá, pero el nombre de tu blog me ha seducido
Era Whitman quien escribió:
Soy inmenso, contengo multitudes
(viva la contradicción!)
Un abrazo