Domingo, 16 de Julio de 2006

El Perturbado

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 3:14 am

Satinada noche de farolas tuertas que parpadean e intermitentes aires que vuelan las flores. Observo mi cuerpo, escamado y a trozos en el reflejo del charco que dejó el sudor de una pistola en caliente. Mi boca anheló tanto el roce de la suya, que no dejó durante el transcurso de tan gélido menester, de restregarse labio contra labio, labio contra lengua, contra dientes, contra dedos de mis manos, contra mi cálido suspiro.. Daba asco. Todo esto daba tanto asco que el temblor de mis piernas ya me hacía reír. Y ahora, a pesar de todo aquí me hallo, contándote mis desastres. El sabor de estos años de mi vida ha sido obsesivamente amargo, y para colmo, mi única motivación era una venganza que ahora me resulta del todo absurda. No sé si le quedará saliva, pero el destino me vuelve a escupir. De pronto, me eché a reír, y lo que comenzó como una risa floja terminó siendo un desenfreno. Mis carcajadas fueron tan sonoras que alarmé al vecindario entero. Uno por uno iban despertando, y atónitos, se agarraban unos a otros para contemplar semejante fachada: Un tio bailando y descojonado encima de un cadaver. ¡Hacía Dios sabe cuánto yo no me reía de esta forma! Y quién me iba a decir que aquella risa me iba a suponer cierta ventaja.

Pronto llegó la policía. Cuando al sentarte en tu butaca, alguien te descubre el final de la película, ya no consigues ver más. En lo que yo trabajé y creí a ciegas durante tantos años para que fuera mi final, descubrí al verlo, que tan sólo era el principio, ¡era el puto principio! Era la descripción de la lamentable y tétrica soledad de la que nunca hube salido, Ya daba igual, me esposaron delante de toda esa gente, que no dejaba de gritar ¡LOCO!, ¡PERTURBADO!

Mucho mejor, mucho mejor que crean que eres un loco a un simple desgraciado.

Con esta pequeña historia os digo adios por un tiempo. No será muy largo, pero sí espero que sea intenso, para vosotros y para mí, que al final es lo importante. Voy a disfrutar de las meigas, los bosques, y de un duende de poquitos meses y muchas muecas que andará por ahí también. Gracias a todos los que seguís ahí a pesar de mis largas e inesperadas ausencias, de mis temores y de mis vueltas. Cuando se dan las gracias de verdad uno nunca sabe cómo expresarlo, es una palabra demasiado desgastá. Disfruten y sean felices”

Viernes, 14 de Julio de 2006

La bruja que se vistió de princesa

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 7:00 pm

Siempre la imaginé como una de esas preciosas princesas que viven encerradas en un castillo. Con un vestido blanco, su pelo de tirabuzones, y sus grandes e inquietos ojos esperando, y diciendo “ya queda un poco menos”. Sí, porque en su cuento, la princesa está esperando a que llegue ese sueño en el que, un amante galopando en su elegante caballo negro, la recoja entre sus brazos, y marchen juntos a disfrutar de su amor eterno al país de nunca jamás. Por eso, ella se prepara día a día. Lee los mejores libros, peina su pelo con las mejores manos, y sonríe cada mañana con su mejor sonrisa, porque ¡hay que estar preparada por si llegara!

Mientras se convierte en la mejor princesa del mundo, y a pesar de toda su voluntad, a veces ella se entristece. El sueño parece no llegar nunca. Cierra de golpe la puerta de su guarida, y se mete en la cama todo el día odiando la luz del sol. Pero entonces se duerme, y Morfeo le recuerda el por qué del brillo de su cara, el por qué de su mirada, de sus sonrisas y de los bucles en su pelo. Y entonces ella se despierta, y se pone a escribir en un papel de nuevo aquel sueño.

Todo el séquito del castillo la admiraba, ella tenía todo y tan sólo tenía que esperar. Pero un día ella se cansó. Se cansó de todo eso y decidió salir a buscar su sueño. Las envidias que la decisión de huir provocaron no se hicieron esperar y fue, sin duda, la decisión de abandonar todo lo que había anhelado durante años, vista como un acto de cobardía abominable. Pero tuvo coraje, y por una vez se planteó qué esperaba ella de sí misma, y no qué esperan los demás.

Salió de su castillo vestida de princesa y llegó hasta la Gran Vía, bajó para Plaza de España. Miró, más bien observó todo a su alrededor. Sonreía de vez en cuando, y se miraba en todos los espejos. A algunos les parecerió que anduvieras en zigzag. Es igual, tú estás acostumbrada a caminar por encima de las contracciones constantemente. Contradicción al querer hacer algunas veces unas cosas y acabar haciendo otras o las contrarias, en todos los sentidos. Saber que quieres ir hacia delante, y no saber si estás haciendo bien o mal. Saber quién eres y cómo, y lo que realmente uno quiere querer…

Finalmente nuestra princesa llegó los cines Renoir y en la entrada vio a un tipo que parecía ir montado en un corzo negro. Se acercó a él, muy cautelosa. Y cuando estuvo a 3 centímetros de su cara recordó que era miope y no se había puesto las lentillas. Daba igual, ya era tarde, él la había besado y ni tan siquiera le dio tiempo a comprobar si el caballo era real.

-¿Hola?
-Hola Virginia.
-Hombre, ¡al fin te conozco!

Y así fue como esta dulce, tímida, pícara, y sobre todo, nada convencional bruja disfrazada de princesa, conoció su sueño.

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