Miércoles, 22 de Marzo de 2006

Y el porqué del gato

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:23 pm

También sé un par de razones por las que tú eres un gato. Por como invaden con su vuelo el aire de los pájaros, zarpeando las nubes y tiñéndolas de sangre. Llamando así al sol del atardecer, malherido y tembloroso a huir por el horizonte. Atrayendo de esta manera a su más fiel amante, la noche. La dimensión favorita de los felinos.

Ocultan su carne crujiente, rústica, roja y galopante bajo el sedoso manto del que gusta de caricias. Y si bien su pelaje parece sutil, suave y sumiso a la mano que lo roce, se transforma con una mirada en terciopelo huracanado, punzante y agresivo. Se visten de nervio y sensualidad… De instinto y de cada ojo se les vuela una luz. Cada gesto, cada postura, es pura poesía salida del alma. Fulminan la paciencia de millones de minutos dibujando su futuro, con un simple trazado. Silenciosos e intensos, consiguen ver a través de cualquier ser, y también atraparlo para absorber lo que aún quede de él después de tan minuciosa contemplación. Vampiros urbanitas que otras veces prefieren insinuarse, contonear su figura hacia lo divino, musitando el ronroneo en melodía, contorneando el aire en marcas perfectas de caricias sólo insinuadas… Hipnotizando así, hasta que consiguen desenroscar los ojos de cualquiera

Sus pupilas embaucan, por lo dorado que les trae el día iluminado al imitar al sol. Las mismas que se convierten, por la noche, en pequeñas y rasgadas reproducciones de la luna. Bisutería hecha arte por tan solitario animal. Son amantes de la luna como todos los humanos, sin embargo son los únicos capaces de prescindir de ella, por aquello poseer esa misma magia dentro de sus dos ojos y en plena oscuridad. Por eso también son los únicos que saben andar solos. Tan engreídos, tan sensuales, vanidosos y terriblemente seductores que todos hemos caído alguna vez en la simpleza de tratar de alcanzarlos. Susurramos algo procurando no agredir su elevado aura, (tal vez un “psst, pssst”), y todos, absolutamente todos, hemos sufrido de su asesina indiferencia. Atraen hasta el infinito, es decir, hasta lo que ellos gusten de atraer. Engañan, y dejan que nos camelemos por su brillo. Y aquí llega la razón por la que tanto, tanto, los odio: Se procuran el alimento en pececillos engatusados.

Lunes, 20 de Marzo de 2006

Los amantes del Círculo Polar

Archivado en: Cine — la mala de la pelicula @ 10:26 pm

En el primer avión de papel, Anna y Otto escriben algo demasiado bonito para un niño. En el segundo avión, se detendrá la frase que describirá lo que envuelve el film “Estas noches te espero, mirando al sol. ¡Venga valiente, salta por la ventana!”

Y es que la suya es una historia de amor para valientes. Como todas las historias libres de tapujos y ataduras, rebosa de escalones, vuelos y golpes. Su pura atracción infantil cuando comparten la misma escuela, se convertirá en intensa pasión adolescente, que más tarde se cerrará en ese peligroso amor entendido como un todo, en pleno Círculo Polar Ártico. Es la película más hipnótica y enternecedora de mi admirado Medem. Mezcla lo siniestro y oscuro con el rojo bombeante y la piel crujiendo, demostrando así que la sensibilidad no tiene porqué caer en el insulso ñoñerío.

La magia de este film está en las casualidades, en el perfecto círculo cerrado que propone Medem. También en lo capicúa, como el nombre de los protagonistas y el apellido del propio director. Y en cómo vemos las cosas como somos, y no como son. Los diferentes puntos de vista que van narrando subjetivamente la historia, te envuelven en su atmósfera bella y fascinante. A lo largo del círculo encontraremos: Un maravilloso aunque difícil guión; Unas escenas que consiguen demostrar el arte de sentir; Una fotografía impecable y evocadora; Una actriz infinita… Una línea de puntos que hace de esta película una obra redonda y perfectamente estructurada. La historia de amor de Anna y Otto es tan real, tan a fuego lento, que parece un cuento.

No se la pierdan.

Domingo, 19 de Marzo de 2006

Pececillo encapsulado

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 3:31 am

El otro día me preguntaron el porqué de ser pez, y no sirena. Sencillo. Creo que los peces saben mentir y se cuelan por cualquier gatera, a las sirenas en cambio, se las ve venir de lejos. Nosotros no tenemos ni cielo, ni suelo. Sólo horizonte. Aunque a veces también topemos con aquella esquina que termina en odio. La humedad de las escamas no impide que huela a sangre, a lengua larga y lenta, y a silencios que todo lo hacen saber.

No puedo pensar que es fácil de entender para quienes viven de fronteras. Todo lo de fuera huye y se quiebra. Los golpes de los cantos, rebotando en ondas que se alejan… Cuando el huracán os vuelva del revés, fundiréis vuestras cabezas en el mar, en lo infinito. Y os daréis cuenta de las cosas que se os cayeron por el camino, de todo aquello que perdisteis, todo lo que tirasteis al suelo. Entonces rebuscaréis en el fondo, minaréis cada segundo en redescubrir lo que no hicisteis. Celebrad vuestros recuerdos, y no olvidaréis lo que sois. Para un pez todo lo que hay no es nada, y es amado.

Aquí ni abrir ni cerrar párpados, ni cerraduras, ni candados. Sólo el reflejo del sol, de la luna y las hojas en blanco caídas de algún árbol. Los bailes lentos que suscita nuestra mente en el vacío de las largas horas, más largas sin ti… Mi aliento no huye, ni quema, absorbe. No tropiezo, ni dudo, ni caigo. Lo respiramos todo, cualquier mirada cabizbaja, o eco de palabras sin fundamento. ¿De verdad aún crees que sabes decir nada? Nadar en nada, eso es todo lo que hago, y todo lo que dije, es lo que yo sabía. No respiro oxígeno, respiro libertad, como la inmensa minoría. De tanto que la lluvia moja, a veces golpean las gotas temblorosas como chispas que se prenden. Parecen estrellas de esas que caen y se funden al decir un sueño, y luego los peces lo logramos dejándonos llevar. Siempre hay sitios por recorrer en los que nunca ha estado nadie antes. Retomar el viaje con cualquier ola. Sin parar el tiempo, ni el sitio, ni el lugar. Creo que la actitud del pez es valiente

En el camino te da tiempo a dar la vuelta al mundo, recogiendo lo enterrado. Y a disculparte por el engaño, y por el amor. Y a pensar, si habrá valido la pena el poco interés en quererte. Y aprendes, que por vivir cerca del poeta uno no se convierte en poesía. Para que tú lo entiendas, a veces tan solo es cuestión de la sustancia psicotrópica que lleves encima

Viernes, 17 de Marzo de 2006

El Padrino

Archivado en: Cine — la mala de la pelicula @ 7:56 pm

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El Padrino es la primera película de la impecable saga dirigida por Francis Ford Coppola. Todo un clásico en la filmoteca de cualquier aficionado al cine.

Consiguió convertir a Al Pacino y James Caan en estrellas, además se llevó el Oscar a la mejor película, al guión, y Brando en un retorno triunfal, ganó el de mejor actor. Es una de las grandes películas de la historia, admirada por todos, incluso por quienes ven en ella una fuente de sabiduría en la filosofía empresarial. Ciertamente engancha, te envuelve en su atmósfera sobre el patriarcado, la familia y la propia Norteamérica. En mi opinión es la más completa de la trilogía. La historia, la banda sonora, la fotografía, el trabajo de los actores… Y un sin fin de detalles, en los que las anécdotas forman parte del folklore del film, la convierten en mágica.

Las escenas dramáticas, viscerales e imborrables, son legendarias, y Coppola marcó buena parte de los fundamentos de rodaje de los 70. ¿Cómo olvidar el asesinato de Sony? ¿Y las mandíbulas de Corleone? ¿Quién no se ha parado a imitarle alguna vez?… “Hazle una oferta que no pueda rechazar”…

Desde luego, es la primera película con la que se atreve a dignificar un poco al “malo” de la historia, y el héroe no es ningún chico ejemplar. Me encanta, y desde su tercera y última parte, no he encontrado nada equiparable. La mezcla de cine negro y drama social convence de una realidad: La Familia siempre es mejor que no tener familia.

Martes, 14 de Marzo de 2006

Adoro el trapecio

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 1:11 am

Adoro el trapecio. Desde allí os veo, y cuanto más arriba estoy, más pequeños os hacen mis ojos. Si estoy abajo, casi puedo rozar vuestra piel, pero no, nunca me caigo, y procuro no aparecer del todo. Soy un resto del viento, y con él y por él me muevo. Si me doy impulso es porque sé que la caída hacia atrás será más grandiosa, y no por el avance. Adelante, atrás, adelante, atrás. No tengo otra perspectiva. Si desde el aire abro las manos tratando de cazar el presente, resulta inútil. Siempre se me escapa, ávido por mis dedos, quizá en busca de algún ente con cavidad.

Hay veces que no me importa nada, muy pocas veces. ¿Coincide? que esas veces son las que estoy contigo. Son los minutos del lapso en los que mis movimientos, mi roce y hasta los suspiros son una prolongación de mí. Y mi lengua, el trozo de carne hilado con saliva que mejor expresa mi sexo. Entonces me desnudo con franqueza, y a pesar de no importarme nada, tengo la certeza de haber comprendido. Lo bueno de ti es mantenerte como ser interrogante, eso me convierte en exploradora del humo, con cantimplora rebosante de restos. La gata zarpeando el cielo, al pájaro en pleno vuelo. Tiñendo las nubes de rojo, caníbal a unos metros del fuego, tan arriba, sus plumas ocultado su descenso, bajo unos labios que jamás le besarían por amor, sino por la pasión del instinto crudo y tieso. Eso te pasa por volar, y por menospreciar mi nervio. Y por cierto: te quiero. Creo que ya lo sabes, pero te lo digo. Te quiero y te necesito.

Allí arriba me siento dispersa y alejada. Tanto que me parecía ser la única que en realidad formaba parte de todo cuánto había allí abajo, me reía, me reía tan alto, que seguía siendo tan sólo yo quien me escuchaba. Tanto oxígeno a un salto y a la vez, con un simple soplido, el alma esparcida entre todos aquellos sonrientes muertos. No, hoy tampoco deseo un entierro. Hoy prefiero esperar a otro pájaro en vuelo

Tengo la sensación desde que estoy aquí, de haber olvidado un par de cosas. Cosas como escuchar algún tictac, o encontrar alguna puerta.

Domingo, 12 de Marzo de 2006

Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores

Archivado en: Cine — la mala de la pelicula @ 12:47 pm

Todo empezó con el programa de televisión Monty Python’s Flying Circus que presentaba las gamberradas de un grupo de comediantes formado por cinco ingeniosos británicos, (John Cleese, Michael Palin, Eric Idle, Terry Jones yy Graham Chapman), y un estadounidense, (Terry Gilliam), cuyas animaciones se unían para formar los descabellados episodios.

Fue producida por la British Broadcasting Corporation, y el programa se emitió desde 1969 a 1974. Un intento en conquistar la pantalla grande parecía el siguiente paso lógico, así que esta combinación de circunstancias llevó en 1975 a la producción de este film, escrita por el conjunto de los Monty Python.

El proceso de rodaje de la película tuvo aspectos tan anarquicamente cómicos como un típico sketch de los Monty Python. Para empezar, los dos directores no formaban parte de un dúo compatible; tenían ideas distintas sobre el estilo de la película y a Gilliams no le gustaba la tendencia de Jones a reducir la grandeza de sus decorados en apretadas disposiciones de cámara. Por otra parte, el alcoholismo de Chapman estaba en pleno apogeo y a veces dejaba a la estrella de la producción - en el papel clave del Rey Arturo- literalmente incapaz de recitar su parte mientras la cámara rodaba.

Pero los Monty Python son únicos. La compañía triunfó con la misma rapidez con que agotaron el escaso presupuesto. ¿Recuerdan a los caballeros avanzando a pie por el suelo y entrechocando unos cocos para imitar el sonido de los cascos de los caballos?. No fue tan sólo inspiración… Fue también la necesidad de llevar a los personajes de un lugar a otro con un presupuesto tan bajo que no podían permitirse caballos de verdad.

Sea como fuere, Los caballeros de la mesa cuadrada termina resultando un trabajo inmejorable. Una aguda parodia con un toque político, que consigue desde desacreditar el mito del poder de Occidente y su despotismo benévolo, a echar por la borda la masculinidad caballerosa tan arraigada. ¡Divertidísima!

Martes, 7 de Marzo de 2006

A year

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 11:54 pm

Mis disculpas por la tardanza en publicar estos últimos tres meses, estoy enfrascada en un asunto y este weblog ha aprovechado para cumplir sin mi permiso su primer añito, ( una vez más gracias a mis papis Pixel y Dixel, y también a Gorka que me empujó a ello). Pero sobre todo quería agraderos a todos, (y a sabiendas de que esto se podía parecer a la gala de los Oscar), vuestras visitas, comentarios, paciencia, aportaciones y enseñanzas a la persona que se encuentra tecleando ahora mismo. Muy sinceramente, gracias. Nunca pensé que un rinconcito lleno de palabras pudiera ser de tanta ayuda, pero ya lo decían los poetas…

“… Me llamo Recuerdo y soy poeta. Eso es, contamino vuestros silencios y os guio hasta donde vuestros ojos no querían ver. Soy el vendedor de
sueños. Quien os hace anhelar algo que jamás llegaréis ni a rozar con las yemas de los dedos. ¿Amor? ¿Desamor? ¿Soledad? ¿Lejanía? ¿Muerte? ¿Inapetencia? Cuando con un millón de neuronas estrujadas, logréis sentir un ápice de lo que transmití en realidad, mi corazón habrá bombeado, recorrido, suspirado, abrazado e incluso habrá sido destruido, una vez más. A pesar de mi nombre, os llevo años luz de ventaja, y siempre me las apaño para que queráis más de mí. El sentimiento es para vosotros ese horizonte al que nunca conseguís llegar. Os engatuso haciendo que creáis que podéis saltar para llegar al otro lado, es la ventaja de dibujaros un camino del que desconocéis hasta el olor. Siempre hay algo con lo que hacer chispas, fuego en vuestra mirada, piel de escarcha y aliento encendido. Pero vosotros aún no lo sabéis.

Vivís tan ocupados en necesitar, en el ente lógico, que no sois conscientes de que si quemáis vuestra carne, duele. Vuestra saliva enquistada, todas esas hojas que dejáis en blanco, estimula vuestra falta, vuestra escasez. Esa pobreza de pasión y de dolor, os convierte en simples consumidores de hedonistas como yo, que si bien nos jodemos de verdad, también somos lo puro, lo arcaico, el placer del ascenso y el descenso, el yo subjetivo, íntimo, y para vosotros los miserables, el ser humano más terriblemente seductor.

Vuestro sufrimiento estimula mi agonía. Pero seguiré prefiriendo llorar ante el fracaso de los árboles en otoño, que vivir avaro de recreo, precisando de los cuchillos en las manos de mis deseos…”

pd: El título lo pongo en inglés, no sea que un día llegue a algo y no me den el Goya.

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