Sábado, 24 de Diciembre de 2005

Lo leerás, y quizá lo entiendas.

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:27 am

Escribirte no es, ni sería, tan fácil como yo pensaba. ¿Es la realidad parte del encuentro? Yo sólo sé del deseo de que seas quien quieras ser en libertad. Y de ser yo tan sólo la que soy. De realidad teñida de fuegos. De besos para que vayas, vuelvas y despiertes, y me encuentres enredada entre tus piernas. De emociones que aguardan el destello, un chispazo. De cuando sabes que comienzas a rozar suavemente los labios, y no sabes si empieza o termina el misterio. De cuerpos desnudos que no sólo desean esas manos en la piel. De lograr que el placer de ese instante esté acompañado por el susurro de la vida al oído, aventurándote la posible muerte del destino.

Sólo sé que no estaba dormida, no estaba dormida… Sólo estaba cerrada, como las flores en la noche. Esta vez no desperté, ni pude huir de aquel monstruo, ni soñar despertar entre aquellas piernas.

El sol no se acordó de mí. No se acordaron los cielos de darme agua fresca que beber. Mi madre nunca echó de menos no verme nacer, en ese instante. Si la niebla se esfuma, y ya no me cubre la lluvia, ¿qué otra pasión me espera? En el día sólo encuentro aire puro, fresco. Echo de menos escaleras y ventanas, blancos y negros .El hueco es muy grande, demasiado hondo lo que deja aquí la luna cada noche. Nací con la raíz follada al suelo, y de esa pasión… Sólo la arrancan las manos del viento.

Aún no te he dicho nada. Prefiero dejar de hablar… Pero para cuando ya no quede nada de mí, y haya dejado como estelas retazos perdidos, tu figura en el papel, entonces… Cuando no me quede otro destino que dormir, será porque la mañana no me espera. Y buscaré el árbol en el que nací, para leer lo que grabé aquel día, con las yemas de los dedos abiertas…. Y se ahogarán mis manos, los besos que no han sonado, las miradas esquivas, y los ojos que me miraron. Ni intentos, ni rastros de polvo, ni esquinas que acurrucan, ni lamentos, ni reproches. Por el barranco, rodarán los pocos sueños. Ya no los necesito: Ni los te quiero, ni los te olvido

Ni farolas deshaciéndose a tu paso… Y volveré a escribir, lo que grabé en el tronco de aquel árbol:

Te llevaste mi cuerpo. Con él, te llevaste el alma. Pero no te llevaste la ilusión.

Miércoles, 21 de Diciembre de 2005

Carta desde el psiquiátrico

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 1:31 pm

Estaba sentada al borde de la cama. Su pelo, alborotado indicaba que aún no había salido de ese sueño tan maravilloso en el que saltaba de charco en charco. Sus ojos, en cambio, no tenían el aspecto de recién levantados, siempre estuvieron vivos. Tenía la mirada brillante, temblorosa, y fija en aquella ventana. La observaba como el niño que ve algo por primera vez. Desde ella, se vislumbraba un cielo tan limpio que casi resultaba obsceno. Llevaba así varios minutos, desde que yo entré en aquella habitación. Cuanto más la miraba, más sensación tenía de que el tiempo se había parado, parecía que me estuviera observando a mí misma. Tan sólo se distinguía que no estábamos ante un plano fijo, porque de vez en cuando su nariz se hinchaba al máximo, aspirando tremendas bocanadas de aire, que luego expulsaba procurando largos suspiros. Y sobre todo, porque se frotaba los ojos continuamente, trazando con los dedos cada arruga de su piel, cada surco de experiencia, para retirarse algunas lágrimas.

Cuando hablaba, sentía que mi voz era resquicio de la suya. Mis ojos, reflejo de su mirada. Mis palabras, fruto de cada abrazo, de cada enseñanza. Somos lo mismo. Soy como ella, soy su propia creación. Pero ella está aquí y yo allí, aunque por una vez, parece que estemos allí las dos. Parece que la entienda.

Acariciaba su cara, sus pliegues, sus brillos… Cuando justo nos interrumpió una enfermera en la habitación.

- Señora, tenemos por costumbre bajar sus persianas. Las alturas le dan miedo.-

Dicho esto, la señorita abandonó el cuarto, mientras mi madre comenzaba a reír a carcajadas, y yo contagiada, la seguía. ¡Díos mío! ¡Si hasta me río igual que ella!… La única diferencia entre mi madre y yo, es que si ella no se riera tan alto, nadie pensaría que está loca.

-Ya es hora de marcharme, mamá- Le dije. A lo que ella, apretando fuertemente mi mano, contestó:

-Hija… Ríe, construye, destruye, haz, llora, arrástrate, disfruta… Pero hazlo en silencio, o la gente sencillamente dejará de escucharte. Recuerda, eso sí es tener miedo-

Y siempre, siempre lo recorde…

Domingo, 18 de Diciembre de 2005

El mar. El muerto.

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 3:49 pm

Comiendo toda la arena de la playa, con el corazón ajado, con la saliva succionada, sin piel, absorbida ya en mis esperanzas. Un guiñapo que antes caminaba por el cielo, pisando cada estrella, colgada de aquellas enormes manos que mecían mis sueños. Esas, que sabiendo que las ventanas son pasaporte hacia la frustración, abrieron todas y cada una de las guardaba yo, aumentando así el dolor. Y ahora de nuevo, me muero en el mismo lugar donde un día encontré vida. Rebozada en viejos fracasos, me resulta todo ya tan familiar que me niego a estar triste. Sólo quiero querer o desprenderme. Dejar de ser un simple minutero, siempre moviéndose al compás de otras manillas, sin dar cuenta de que pasa el tiempo.

Tu risa ya no me vale, ni tu vida. No busco más ánimos recibidos, no busco emitir colores. Párate conmigo, paremos esta actitud consumida, tratemos de escuchar la brisa del mar, el oleaje. Quizá estoy ya extenuada y no pueda seguir, me pudro con todo este desánimo que me contempla. Toda la fuerza que tuve la gasté en conocerte, en limpiar mi espíritu para ti, en expulsar de mi cada mañana todo lo feo, toda esa muerte… Pero de mi boca no salían más que palabras, por mucho que tratara de vomitar, el espíritu siempre quedaba perpetuo en mi cuerpo. Y el deseo de saltar hacia ti, contigo… El recuerdo aún tambalea, hace vibrar hasta al desierto y aquellas almas allí perdidas, abatidas, que me observaban.

Agotada, consumida, y con los ojos ya pegados al suelo, me dejo llevar por el oleaje. Necesito correr el riesgo de perderte. Y que lo que se avecine se queme, porque mis logros siempre fueron mérito tuyo. Olas gigantes de males vividos, aguas en calma de vida anhelada; Y aún así, y frente a todo, manteniendo tu yugo aquí adentro. Siento tanto que no quiero sentirlo, porque ya no es lo que uno siente, sino quién lo siente. Duele, pero dentro del agua, ya sin respiración, sin aire en los suspiros… Se ahogan las penas.

Y con el debido rencor, y una vez sola con mi muerte, aprenderé que no importa a donde llegué, sino hacia donde me dirigía. Y ahora que puedo hablarte, frente a frente, de miedo a miedo, recuerda: Aquel que muerde, es porque un día fue mordido.

Martes, 6 de Diciembre de 2005

Bailé con el viento

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 4:34 pm

 /class=
Foto exprimida del arte de Leona

Juro que bailé con él. Y desde entonces, lo importante no son los kilómetros. Lo importante son las plumas, que se me caen cada vez que trato de alzar el vuelo. Termino en esqueleto siempre que me arrastra el aire. Y ya en el suelo me encuentro con mis huesos, unidos con el fino hilo de la saliva de funestos besos. Pero ahora que soy un ratón me levanto muy temprano, antes de que salga el sol, para ir bailándole, una a una, a cada sombra que aparece tras su rastro. Como el viento, como el viento, pero nunca con él. Sólo me permite ser ave, sombrero revuelto, falda burlona, paragüas travieso… Basura, materia caduca.

Y las ilusiones son la boca de mis sentimientos, si te miro… Sé que no hay ya colores que pinten algo nuevo, que por más que mezclo, y aplasto las flores, el aire sigue siendo lo más bonito, lo más grande, lo que mueve el mundo con cada respiración, con cada aliento, cada susurro y cada palabra. Con cada te quiero hay sólo eso… Aire. Jodido y errante aire.

Abandonarme y vaciar mi cuerpo es lo que queda. Polvo eres, y en polvo te convertirás. Quizá debo entonces dejar de pronunciarme. Sólo cuando el aire se tropieza con el humo, sólo si nota mi deseo de dejar de ser parte del suelo… Sólo así recordará que vivo. Y entonces, podré volver a bailar con el viento.

Jueves, 1 de Diciembre de 2005

No hay fe

Archivado en: Aire — Señorita X @ 10:50 pm

Hola,

Estaba recordando en estas fechas tan entrañables, el día que perdí mi espíritu navideño y tal y cual, y nada, me he dicho ¿por qué no contárselo a algún ser completamente vacío, como por ejemplo, tú?

Resulta que yo contaba con la tierna edad de 4 años y Papá Noel vino a mi colegio. La actividad consistía en subirse en sus rodillas y que te hicieran una foto, de esas que se dejan encima de la tele para la posteridad y el recuerdo. Pues bien, después de esperar mi turno pacientemente, sin pegar a nadie ni nada (Papá Noel estaba allí), me subí en su rodilla y dándome cuenta de manera super hábil a más no poder, de que el presunto Papá Noel, no era más que el carnicero habitual de mamá, con una mierda de barba de palo total, y mal pegada… INSTINTIVAMENTE, le metí un pequeño dedito en la nariz, y el muy cabrón me pegó una hostia que me tiró al suelo…

Total, que el otro día me vino una señal, y decidí que ya era hora de superar viejas rencillas. Un gordo con cara de cabrón y barba, me pidió que me hiciera voluntaria de no sé qué organización. La historia consistía en que tú tenías que llevar un botecito, y la peña te metía ahí dentro pelas, así por las buenas. Dije que sí. Y el asunto funcionaba que te cagas. Yo me sentía bien, navideña, feliz, la gente me daba dinero sin necesidad de desnudarme, veía luces de colores tránsfugos glaciales… No sé, todo muy fuerte.

Pero de pronto me viene un tio, así bastante pivoncete, con un bote como el mío en la mano, y me dice “Veo que estás involucrada hasta la médula en la causa. Somos pocos, pero currantes”. Y entonces deduje sus enormes ganas de follar, y según nos dirigíamos al descampado más cercano para magrearnos, el chico en cuestión rompió su bote, saco todos los eurolitos que contenía, y se metió en la farmacia a comprar condones.

Qué duro todo, ¿verdad? Así no hay providencia omnipotente que ponga fe en nada.

Stats

Powered by WordPress