3 de Agosto de 2005 - Cine
La princesa Mononoke

Hay muchas razones para discutir hasta qué punto los dibujos o películas de animación pertenecen al campo del cine o si, por brillantes que sean, pertenecen a una forma artística propia y específica. Las películas de animación de Hayao Miyazaki, en especial La princesa Mononoke, su obra maestra, desafían esta discusión y a la vez la trascienden. La princesa Mononoke plantea un desafío porque desarrolla una leyenda increíblemente compleja, creativa por lo gráfica y exigente ideológicamente, utiliando los instrumentos de los dibujos y el modelado mucho más que los de la realización cinematográfica tradicional. El poder de la cinta evoca una fuerte emoción, sus personajes son profundos y ambiguos, la asombrosa multiplicidad de los secundarios es la búsqueda de algo que queda más allá de lo que está bellamente dibujado.
Guerreros míticos y princesas predestinadas, animales arcaicos y diablos mecánicos, atractivas imágenes del mal y arco iris mágicos… Todos pueden correr y tronar, luchar y amar, saltar hasta las estrellas y, de pronto, desaparecer en el diseño infantil de las caras de los dibujos japoneses. En este film, la sangre guarda relación con la sangre de verdad, el amor y la muerte se plasman con tinta roja y todo contiene una presencia que pertenece al mundo real. Fuerza en la narración y el trabajo artístico. Tensión asombrosa a lo largo de toda la proyección.
Señor Miyazaki, sólo me queda desearle que siga igual.
11 de Abril de 2007 natalia dice:
hola