Martes, 30 de Agosto de 2005

El espejo

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 12:48 pm

Yacía enferma desde la edad moza. Haber podido gozar durante algún tiempo de buena salud, y malvivir desde entonces tendida en la cama, le había generado un mal cuajo en la sangre de acidez insoportable. Tanto en las formas como en el fondo.

Uno por uno, había conseguido espantar a todo pariente, amigo, o cuerpo cercano de su alrededor… Exceptuando a su hermana Leyre.

Leyre era tres años menor que la enferma Susana, sin embargo, la pequeña siempre fue una chica más enérgica, más fuerte, y beneficiaria de una inmejorable salud, y de una no menos buena paciencia. Todas estas diferencias con su hermana, le habían hecho pensar que debían compensarse con una penitencia. Y para igualar un poco lo que la naturaleza, injustamente había separado, habría de pasar su vida al cuidado de ella.

Día y noche se desvivía por agradar a Susana, día y noche tras sus quejas, lamentos y punzantes palabras. Día y noche bajando y subiendo las escaleras hasta el cuarto de su hermana, cada vez que escuchaba el sonido de la campanita.

A veces, Susana ni se esforzaba en pedirle de su boca lo que necesitaba, con los años había encontrado un truco mejor. Escribía en un papel lo que quería, y lo pegaba en la pared que se situaba junto a su cama. Entonces hacía sonar aquella campana, y Leyre no tenía más que subir cuatro o cinco escalones para saber qué deseaba su hermana. Ya que ahí exactamente es de donde colgaba el espejo que, situado en frente de la cama de Susana, mostraba justo su reflejo, y de esa manera, enseñaba también el mensaje de su hermana…“ Una taza de té y unas pastas”, “Una revista”, “Mi crema”, etc.

Una noche cualquiera, Susana se dio cuenta de que Leyre hacía demasiados minutos que no se preocupaba por ella. Esto sólo había ocurrido una vez anteriormente, y Susana pensó que jamás volvería a ocurrir después de aquél escarmiento. Cuando esto sucedió, hacía casi año y medio, se le hirvió la sangre de tal modo, que hizo sonar la campana como una descosida. Leyre subió, muy alarmada, y entonces su hermana aprovechó para lanzar su ira diciéndole “Si así es como te preocupas por mí, un día te llevarás un susto”. Por eso, Leyre, desde entonces, no había dejado pasar más de 30 minutos sin preocuparse por ella.

Pero como les cuento, esa noche llevaba casi una hora sin aparecer por el cuarto de Susana, Leyre tocó y tocó la campanilla escandalosamente una y otra vez, pero seguía sin subir. Así que, la doliente hermana decidió darle el castigo de su vida. Escribió en su papel “ Ya es tarde para preocuparse por mí” y decidió hacerse la dormida, para que así, cuando Leyre subiera, imaginara que le habría ocurrido algo mucho más grave, y de esta manera hacerle sentir muy mal, reprenderle por fin como se merecía.

Sin embargo el papel estaba allí colgado, Susana pasaba ya demasiado tiempo haciéndose la dormida, y Leyre seguía sin subir. Pasó casi la noche entera, era Susana la que empezaba a asustarse, a sentirse demasiado sola. En un momento de pánico, decidió tirarse de la cama y arrastrarse, como podía, hacia la escalera. Chillaba “¡¡¡Leyre, Leyre, eres estúpida, mira lo que estás haciendo!!!”, y lloraba, y gemía. No lo podía creer, la rabia se apoderaba de ella, de cada vena de su cuerpo, dándole fuerza para llegar a la escalera, e incorporarse agarrándose como podía de un perchero.

Sudaba, sus manos estaban frías, su cuerpo pesaba ahora como nunca antes, apretaba sus parpados y sus dientes hasta casi pegarlos, y seguía pronunciando el nombre de su hermana entre furia y dolor. Finalmente, lo consiguió. Entonces, abrió sus ojos, y allí estaba, Leyre tirada en el suelo, en medio de aquella escalera de caracol. Estaba muerta, deslomada, reventada, debajo de aquel espejo… Donde aún reflejaba la nota de su hermana “Ya es tarde para preocuparse por mí”. Y fue allí, donde Susana, con los ojos abiertos en sangre, se desvaneció.

Martes, 23 de Agosto de 2005

Seven

Archivado en: Cine — la mala de la pelicula @ 8:24 pm

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O cómo convertir otra aparentemente simplona investigación policiaca, (que me perdonen CSI), en casi una obra de arte.

Coprotagonizada por Morgan Freeman y Brad Pitt, sirvió para catapultar a este último a un actor de renombre, más allá de la cara bonita que resultó ser películas anteriores como Leyendas de Pasión.

Los rótulos del principio recuerdan ya formalmente varias películas estadounidenses experimentales y señalan temáticamente el inquitante parentesco entre el asesino en serie (Kevin Spacey) y la policía. También hay que recalcar el parentesco entre asesinato y arte. Los detectives tratan de resolver una serie de horrendos asesinatos basados en los siete pecados capitales. La suciedad y el deterioro de la ciudad sin nombre que los rodea, evoca un humor extraño que no se rompe ni siquiera cuando la película se traslada al campo para su climax.

Hay que reconocer que la desagradable fealdad de diseño exclusivo es un sello distintivo de nuestra época y que, quizá, esta cinta se ocupe más de revolcarse en ella que de esclarecer lo que significa políticamente. No obstante, no le quito mérito ya que consiguió estremecerme con sus imágenes hasta tal punto, que llego un momento que las notaba familiares, normales, rutinarias.

Los realizadores se mantienen fieles a su visión con tanta entrega y persistencia que surge algo indeleble; algo ética y artísticamente superior a El silencio de los corderos, que se niega a explotar el sufrimiento por diversión o entretenimiento y que nos deja dudando del mundo en que vivimos. Hay que hacer constar que, paradójicamente, al película tenía en origen un final mucho más sombrío - disponible ahora como extra en DVD-, que los públicos de las sesiones previas al estreno rechazaron… Y ¡qué pena!, a mi me parece aún más delicioso.

Domingo, 21 de Agosto de 2005

Equinoccio

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 5:03 pm

Fotografía de Chin: www.mundofotos.net/chin

Me siento la única espectadora de este suicidio colectivo. Huelo, desde mi butaca de acero, con el asco más hondo, la esencia de sus lenguas retorciéndose, bajo ese repugnante jugo transparente. Todo, fruto de la cólera febril del previo tacto de sus carnes. De los éxodos de placer, que se enajenan cuando se miran, cuando se clavan las pupilas.

Sobre ellos, la luna, que hoy por no querer ser casta, tornó al color del fuego, en el deseo infinito de ser absorbida por sus cuerpos. Resentida, envidiosa, termina por desgajarse y tornar en negra, como ocurre todas las noches de luna nueva. Y ellos, ajenos a todo, se mastican, se aprietan, se destrozan…

En cambio desde aquí afuera, yo sólo os deseo que os matéis, el uno al otro. Que os muráis de una vez por todas de amor.

Viernes, 19 de Agosto de 2005

Por fin Charlie y su fábrica

Archivado en: Cine — la mala de la pelicula @ 11:43 am

Charlie es un gusto para los sentidos. Es un sin fin de colores, de aromas, de tejidos, de imágenes que se pueden tocar. De miradas de caramelo, de pieles de azúcar. Es un deleite constante con la estética más Burtoniana. Es un ir y venir a la magia de los cuentos, a la puericia enquistada en el corazón. Es un jardín delicioso, una casa que no cae por el peso del afecto. Un canto a la ternura sin empalago.

Burton una vez más no rueda. Burton inventa, pinta, colorea, descubre y excita lo que parece que ya no existe. Burton de nuevo me hipnotiza, me deslumbra y sobre todo me asombra. ¿Cómo puede tener alguien esa imaginación?

Aunque, como con todo hijo de vecino, debe de haber un pero, y en este caso creo que el final de la película queda algo lento, flojo, y sin el aire del resto… Al fin y al cabo es la adaptación del libro, pero Burton me tiene muy malacostumbrada a ese planteamiento de personajes tan originales y fascinantes en todos sus filmes, que aquí quedan poco enteros, como abreviados.

En cualquier caso, ni se les ocurra dejar de verla. Es una experiencia única que hay que presenciar en la gran pantalla. Saldrán deseando comprar unas chuches.

Y a propósito de las críticas a los Oompa-Loompas y sus canciones… Servidora se moría de risa con ellos.

Martes, 16 de Agosto de 2005

De vuelta

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 8:11 pm

Dedicó casi el conjunto de sus crepúsculos al oficio del persuadir a quien, dicen, gasta con defecto su dinero. Era tabernera. Pero no de aquellas que empiezan el día deseando una bendita limosna que les retire de aquel hacer. Si no de las que, extrañamente, disfrutaba. Eso precisamente, fue lo primero que me llamó la atención de esa persona.

Subía, bajaba, escuchaba las quejas de aquellos guisantes con perlas, bobos por cuestión genética, aFroilanados en general. Tenía por costumbre mofarse de ellos, sin ellos advertirlo.

Lo siguiente que me llamó la atención, fue su manera de hablar. Usaba el castellano de Quevedo, quizá por voluntad propia, o porque nunca quiso aprender a hablar el otro.

Lo tercero que vi en ella, fue la desobediencia de sus ojos. Se atrevían antes que engañarse. Tenía el cuerpo forjado a palos, de entrañas, pétalos, penumbra y viento. Y el pecho entreabierto, con un desmesurado corazón rojo, bombeado de pasión. Sí, señores, era una jodida infeliz feliz. Una de esas personas que sabe amar, que sabe odiar, que se ha dejado las tripas disfrutando. Poseía llamaradas de fuego en su mirada, y de su boca, de su sonrisa, colgaban el sol y las estrellas.

Luego estaban sus pasos de colores. Tenía andares de potro desbocado, anárquicos, y al mismo tiempo rítmicos y calculados. Esquivaba coronas y laureles con sus pulcras manos, con el impulso de su sangre. Pisaba, con un estallido de magia, todo auspicio de desgracia. Era hermosa para unos, para otros era terrorífica. Y a pesar de lo joven y lo fresco de su cuerpo, poderoso hasta el infinito, tenía los cinco sentidos en cada nudo de su piel. Para honra de nuestra edad, era una joven vieja. Había conseguido acomodar el sueño de ser feliz todos los días en sus carnes.

Y créanme, que tenía un don. Pues a pesar de la lejanía de sus actos, conseguía con musitar unas palabras adornarte la cabeza con unos cuernecillos de diablo, para hacerte experimentar aquello del atreverse antes que engañarse. Y dejar la sonrisa de boca pegajosa a un lado, para tomar infinitos caminos más.

Era una noviciada del infierno, que sin quererlo me empapó de admiración, y de envidia. Aunque muchos, prefiriesen tapar ojos y orejas al verla. Me dijo odiar a aquellos que gastaban la vida en dedicar versos a otros. Sin embargo, a mi ella, me parecía poeta.

Qué bonito se os ha escuchado respirar. Gracias por esta sorpresa. Qué ganas de ir al cine…

Viernes, 5 de Agosto de 2005

Un hasta pronto

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 1:33 pm

Me voy. Marcho. Parto. Pasaré unos días en tierra desconocida. Algo parecido a Nunca Jamás, dicen. Sea como sea, esperaré que Tim Burton me abduzca para espachurrarme los sentidos con esa fábrica recién coloreada, y que Deep me deleite con su chocolate, (sólo mi sueño erótico y yo sabemos cómo). También aprovecho estas líneas para saludar kalashnikov en mano, a ese de la fantástica idea de estrenar el mismo día la ansiada Sin City. En fin, el que parece uno de los fenómeno del año, (a pesar de las malas críticas), tendrá que aguantar al menos un día. No hay lucha que valga contra Burton.

Por lo demás, trataré de entrar por aquí algún día para contaros si por fin dejaron de asustarme los duendes, (que tanto me recuerdan a japonesitos impúdicos delante de algún portal erótico de internet). Si me extasié del dulce, si me enamoré de la ciudad sin ley, o si, sencillamente me convertí en molusco por conjuro de algún pájaro de malagüero.

Dejo la puerta abierta, para ver si con suerte a mi vuelta, encuentro a alguien que aún me quiera oír respirar.

Sean felices, con todo lo que la felicidad implique para ustedes.

Miércoles, 3 de Agosto de 2005

La princesa Mononoke

Archivado en: Cine — la mala de la pelicula @ 11:12 pm

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Hay muchas razones para discutir hasta qué punto los dibujos o películas de animación pertenecen al campo del cine o si, por brillantes que sean, pertenecen a una forma artística propia y específica. Las películas de animación de Hayao Miyazaki, en especial La princesa Mononoke, su obra maestra, desafían esta discusión y a la vez la trascienden. La princesa Mononoke plantea un desafío porque desarrolla una leyenda increíblemente compleja, creativa por lo gráfica y exigente ideológicamente, utiliando los instrumentos de los dibujos y el modelado mucho más que los de la realización cinematográfica tradicional. El poder de la cinta evoca una fuerte emoción, sus personajes son profundos y ambiguos, la asombrosa multiplicidad de los secundarios es la búsqueda de algo que queda más allá de lo que está bellamente dibujado.

Guerreros míticos y princesas predestinadas, animales arcaicos y diablos mecánicos, atractivas imágenes del mal y arco iris mágicos… Todos pueden correr y tronar, luchar y amar, saltar hasta las estrellas y, de pronto, desaparecer en el diseño infantil de las caras de los dibujos japoneses. En este film, la sangre guarda relación con la sangre de verdad, el amor y la muerte se plasman con tinta roja y todo contiene una presencia que pertenece al mundo real. Fuerza en la narración y el trabajo artístico. Tensión asombrosa a lo largo de toda la proyección.

Señor Miyazaki, sólo me queda desearle que siga igual.

Carta adolescente

Archivado en: Aire — la mala de la pelicula @ 7:24 pm

No sabes lo que te echo de menos, bueno, en realidad espero que te hagas una idea y tú andes anhelando algo parecido. Son sólo unos pocos días, pero sirven para darme cuenta de tantas cosas… La distancia me está haciendo fuerte. No hay día que no pase en el que no cuente el tiempo que queda para volver a verte, no hay minuto en que no piense en ti, en lo que quiero hacer contigo, en lo que ansío vivir a tu lado… La cabeza se llena de ideas, de ilusiones y esperanzas… Sabes lo que eres para mi, y espero que eso te ayude allá donde estés, y que te haga ver como eres, y que eso mismo lo tengas siempre en el corazón. Dulces noches de recuerdos, amargas noches de silencio. Soñar contigo llena mi alma de ilusiones, de esperanzas…. Estar contigo me hace ser feliz, no pido nada más. Es lo mejor que me ha pasado en esta vida, una vida en la que a veces se pierde la ilusión por todo, todo se ve borroso, o no se ve…

Espero que NUNCA llegue el día en que no estemos el uno junto al otro, y que este tiempo sea el mayor que pasemos separados. Sea como sea, siempre estarás en mi corazón, y eso nadie va a poder cambiarlo.

Después de tanto tiempo, cuando lees algo así te entra una especie de repugnancia producida por el exceso de glucosa. Luego te planteas, si en realidad los años te han convertido en un palo de cactus calcinado por el abuso del fuego. Te entristeces, pero después sonríes. Finalmente sabes que has aprendido a convivir entre la bilis negra de tu boca, y el candor de tus recuerdos.

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