La mala de la película

"no soy mala, es que me han dibujado así"

9 de febrero de 2015 - Aire

Lo que te perdiste, papá.

Hoy me he cabreado.

Hoy, como hago de vez en cuando, me he pasado medio día buscando tus palabras por mi ordenador. Es algo extraño cómo el buscador de GMAIL se ha convertido en un cúmulo de tesoros cuando una quiere volver a tocar, a oler viejos tiempos. Todos aquellos comentarios, todos aquellos textos, todas aquellas fotos que compartías conmigo y que yo sin querer guardaba.

Pues hoy estoy cabreada.

Cabreada porque cuando busco ‘papi’ en GMAIL me hace ir 5 o 6 páginas más allá para encontrarte. Para encontrar esos momentos en los que nos reíamos juntos de la vida, de la muerte. En los que me dejabas siempre frases. No cualquier frase. Me refiero a las frases más bonitas que jamás me dirán.

Estoy cabreada. Sí. Estoy cabreada porque me siento feliz. Porque he encontrado al amor de mi vida. Porque tengo amistades verdaderas cerca de mí. Porque mi madre es la mejor y más interesante persona del mundo. Porque tengo una familia única. Loca y única. Y tú no estás.

No estás para alegrarte, para abrazarme, para mirarme y enseñarme que existo. No estás para aconsejarme si debería comprar una casa. Si te gusta donde vivo. No estás para verte la cara cuando te diga que quiero hacerte abuelo. No estás para decirme que me estoy convirtiendo en una gran profesional. No estás para decirme que da igual esto y aquello, porque lo importante es mantenerse como una persona íntegra, ‘aunque seamos siempre pobres’. Que lo importante es el amor. Que menos mal que me enseñaste a disfrutar de las pequeñas cosas. Que siga adelante con lo de mi libro porque ‘tengo un don’ . Que enhorabuena por no dejar nunca de leer y de estudiar ‘qué orgulloso estoy de ti’. Que por fin estoy aprendiendo inglés y al final te hice caso con lo de echarme un novio guiri. Que se me está poniendo el culo gordo y que tú a mi edad ya tenías casi 3 hijos. Y no estarás para agarrarte del brazo en ese pasillo que recorreré y por el que no verás cómo me caso y para que no me digas ‘hija, es que nunca pensé que te casarías’ mientras sonríes con esos brillantes ojos que siempre sonreían. No estarás para decir unas palabras preciosas que me harán llorar y terminar con un chiste malo brindando con vino. No estarás para decirme lo guapísima que estoy, ‘bueno, como siempre mi niña’.

No estás. Dentro de unos días es mi cumpleaños. Me estoy haciendo mayor y no estás.

Y no estoy cabreada. Estoy tan feliz, que es jodidamente triste.

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