Desde mi ventana se ve esta noche el Muro de Berlín. En él se proyectan algunos cortos. Juegos de colores, fotos, música. Siempre sales tú, muy sonriente. Cuando te miro, tú no me miras, así que parece que los astros están propicios esta noche: No te voy a dejar de mirar. Sé que si existe algo que me haga esencialmente humana, es saber diferenciar el detalle del conjunto. Por mi bien, haría lo que debo. Pero sentirme demasiado buena, me hace sentir demasiado mal. No te debo dejar de mirar.
La actividad en mi cerebro se ralentiza a partir de las 23h 44min. Al mismo tiempo, se hiperactiva toda esa sangre que bombea a veces aquí adentro. Entonces, los labios arden y la boca escupe un calor húmedo de hierba de agosto. Siempre tengo sed. Escuece aquí, conmigo, que cura… Pero nunca se dice o hace todo aquello. No echo de menos a tantas personas ni a tantas ciudades. Has vuelto más verde y con más agua. Tienes suerte, creo. El mundo explota aquí adentro y tú sigues disimulando. La vida está aquí, tirándome al suelo. La vida está aquí, acordándose de mí. No te puedo dejar de mirar.
El final de esta noche, no te traerá una noche triste. El final no tratará de rendirse. Ni si quiera de defenderse. Sólo me gustaría que ya que estás aquí, estuvieras conmigo.
Por favor, mírame.